La Unión Europea y Cuba
El anuncio del Consejo de Ministros de Exteriores de la UE de la iniciación de las negociaciones con la República de Cuba no ha sido sorpresivo ni inesperado, las connotaciones de este diálogo directo para un acuerdo político y de cooperación era un comentario obligado de diplomáticos y expertos en cuestiones cubanas, en todo el orbe, ya que meses antes había sido consensuado entre las diferentes cancillerías europeas. Se anuncia que las conversaciones por parte de la comunidad estarán encabezadas por la presidenta de la Comisión Europea, Catherine Ashton.
Este hecho fundamental entre la potencia comunitaria y un país del tercer mundo -pequeño, pero lleno de dignidad y coraje- es un ejemplo de lo virtuosa que puede ser una posición nacional justa, libérrima, unida a provechosos entendimientos con interacción diplomática en los que se tratan y resuelven temas económicos, que ciertamente superan los viejos conceptos neoliberales y las acciones reñidas con el derecho internacional y la convivencia pacífica entre las naciones, como sucede con el bloqueo ilegal e inhumano del Gobierno de Estados Unidos contra el pueblo cubano.
Y es que en alguna medida un convenio europeo-cubano rompe la espina dorsal al embargo norteamericano, aunque no se firme acuerdo alguno de libre intercambio. La potenciación de las relaciones comerciales y, obviamente, las inversiones europeas en áreas de ciencias y turismo tienen certeza y factibilidad, no solo porque la isla antillana tiene una ventaja comparativa real en relación a otros lares, por sus fortalezas relevantes en el indiscutible adelanto científico técnico alcanzado en cincuenta años de revolución, sino también por la necesidad de apertura económica del ‘Viejo Continente’. Los criterios de replantear la integración ganan fuerza, en el contexto europeo, sustentando la idea de superar la visión anglosajona de una Europa como espacio exitoso en lo financiero por el concepto esgrimido por los padres fundadores de la Unión: una entidad, potencia mundial aliada, pero independiente de EE.UU.
Como correlato, la semana anterior, Francia y Cuba ratificaron un tratado de cooperación científica-tecnológica para la producción de vacunas, asumiendo ambas partes las adecuadas responsabilidades. Es un auspicioso comienzo para reanudar unas pláticas que subrayan la expectativa de volver al multilateralismo leal, alejándose de las imposiciones imperiales.
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