La superflexibilidad laboral
Inglaterra tiene una larga historia vinculada con América Latina. Durante la época colonial confrontó con España, pretendió lograr zonas de colonización y trató de romper el monopolio comercial ibérico. Inglaterra apoyó las luchas independentistas latinoamericanas y hubo soldados y oficiales que se destacaron en varias batallas.
Concluidas las emancipaciones, Inglaterra suscribió tratados de comercio con las nacientes repúblicas latinoamericanas, en los que procuró cláusulas de nación más favorecida, y se convirtió en la nueva metrópoli hegemónica. En el siglo XX sería desplazada por los EE.UU., pero el comercio y las inversiones inglesas han continuado hasta el presente.
El movimiento obrero inglés logró avanzadas conquistas sociales y desde mediados del siglo XX Inglaterra pasó a ser uno de los referentes del modelo de capitalismo social, que lucía como adelantado y moderno. La ‘era Thatcher’ (Margaret Thatcher, Primera Ministra 1979-1990) promovió el neoliberalismo británico. Y hoy, bajo el gobierno de David Cameron (2010), se plantea la reforma laboral extrema, según la cual, los empresarios podrán decidir el número de horas de trabajo y la jornada en la cual se trabajará; exigir la dedicación exclusiva del trabajador a la empresa aunque no lo requieran todo el tiempo; dejarán de conceder licencias por maternidad o enfermedad; suprimirán pensiones y vacaciones.
Los empresarios ecuatorianos eran mucho más ‘adelantados’ que los británicos. En la década de los 90 del pasado siglo, planteaban un régimen parecido de ‘superflexibilidad’, pues demandaban: aumentar la jornada hasta 44 o 48 horas, suprimir reparto de utilidades, congelar salarios, suprimir indemnizaciones y pagos por horas extras, sujetar el salario a la eficiencia productiva, introducir el libre pacto contractual entre patronos y trabajadores, crear el concepto de trabajador plurifuncional, generalizar el contrato por horas y la tercerización laboral, flexibilizar la jornada y los horarios, etc. Solo faltaba revivir la esclavitud, en este ‘neoliberalismo’ criollo.
Los contratos ‘cero horas’ de la Gran Bretaña, que han despertado la inquietud del movimiento obrero y el escándalo social en Gran Bretaña, corren el riesgo de convertirse en el nuevo paradigma de lo que debieran ser las relaciones laborales en el mundo. Razón mayor para que los gobiernos de la nueva izquierda latinoamericana consoliden la hegemonía de los intereses sociales sobre los capitalistas.
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