La política/el político: una mirada desde lo psicológico
Desde que vengo profundizando en la psicología (en mi caso, como persona que viene teniendo acompañamiento psicológico), se ha ampliado mi óptica de las situaciones cotidianas que como seres humanos experimentamos, al grado de alejarme de enfadarme o entrar en frustración, sino más bien de reflexionar en ellas, con el fin de extraer lo bueno, sumado a lo aprendido en mi transitar terrenal y adicionalmente de lo adquirido por mi -breve pero profundo- paso por un determinado centro de formación para religiosos consagrados; con el fin de brindar una humilde luz que sirva para evitar(nos) malestares y disfrutar más del manjar que es tener vida, sin lastimarnos ni causar daño, y en todo momento manteniendo y defendiendo la dignidad connatural a las y los humanos.
Ahora bien, en nuestras sociedades es bastante común que cada cierto tiempo tengamos jornadas de elección por votación universal. Desde lo general: una persona pretende ocupar una dignidad pública y decide candidatizarse, con el fin de ser proclamada ganadora en las urnas a través de obtener la confianza -mayoritaria- del pueblo. No entraremos a discutir si sus reales intenciones son el servicio a los comunes como vocación mediante el sacrificio de sus recursos (como su tiempo destinado para sus seres queridos) o si, por el contrario, persigue satisfacer objetivos personalísimos, mismos que, aunque son legítimos no son socialmente deseables.
La persona, aquella que deja de ser ‘común y corriente’ para convertirse en candidata(o), inherente a ‘lo político’, ergo, persona política -partidista-, tiene absolutamente clara una idea, la cual, por dura y hasta exagerada que pueda ser percibida, es una verdad no apta para personas sensibles: “Ella no es amiga; tampoco pretende serlo. Aunque tampoco es enemiga. Simplemente es elegida para que cumpla una función y lo haga bien, nada más”; idea que la conocí durante mi formación en la GWU y que durante años he tratado de encontrar en ella recovecos que le resten el carácter de verdad. He fracasado en esa tarea, hasta ahora.
Estoy convencido de que lo anteriormente indicado no se ha comprendido del todo, o hay algún grado de resistencia para asimilarlo. Para muestra basta preguntar a la audiencia: ¿Cuantás personas, antes candidatas, ahora en el cargo, que les dieron un abrazo o se tomaron una fotografía con ustedes, interactúan con ustedes vía WhatsApp, o visitan sus hogares para compartir alimentos en la mesa?
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