Inmensa
Hay palabras que intentan nombrar lo esencial y, aun así, se quedan cortas. “Inmensa” es una de ellas. No por su extensión, sino por todo lo que contiene cuando se piensa en una madre. Porque una madre no es solo presencia: es origen, es sostén, es dirección; es ese lugar al que siempre se puede volver.
Es inmensa por su dedicación, por esa entrega constante que se manifiesta en cada espacio de su vida: en la familia, en el trabajo, en la comunidad. Inmensa porque piensa en todos, porque cuida, porque organiza, porque contiene. Y lo hace con una naturalidad que muchas veces pasa desapercibida, pero que sostiene el equilibrio de todo lo demás.
Es inmensa por su cariño, su generosidad sin medida, por su compañía silenciosa y firme. Porque sabe estar, sabe escuchar, sabe abrazar incluso sin palabras. Su amor no se condiciona ni se calcula; simplemente fluye, se entrega, se multiplica.
Es inmensa por su fortaleza, por su capacidad admirable de resistir, de levantarse, de seguir. Y en ese proceso, siembra en sus hijos valores que no se olvidan: solidaridad, bondad, esfuerzo, compromiso, sueños. Una madre es inmensa no solo porque acompaña el crecimiento; lo moldea, lo orienta, lo impulsa.
Es inmensa porque piensa en todos, porque en medio de sus preocupaciones, siempre hay espacio para alguien más, porque su alegría también está en el bienestar de los otros, porque tiene la capacidad de apaciguar, de convertir la incertidumbre en calma, de sostener incluso cuando todo parece tambalear.
Es inmensa por su honestidad, por sus valores y por su fidelidad a lo que cree. Por su alegría, por esa fe profunda que la conecta con los demás, que la lleva a tener presentes —en pensamiento y en oración— a quienes forman parte de su vida.
Es inmensa porque construye relaciones, porque une, porque crea comunidad, porque deja huella. Es inmensa porque edifica un patrimonio invaluable: el de los valores que se heredan, que se transmiten y que permanecen.
Pero hay algo más que hace una madre verdaderamente inmensa: su capacidad de enseñarnos a ser felices, a dar amor sin condiciones; a perdonar, a consolar, a ahogar las penas, a confiar y a compartir sin esperar nada a cambio.
Madre, esposa, hermana, hija, tía, sobrina, prima, nieta, amiga, compañera y profesional… no hay una sola forma de nombrarte, porque eres muchas en una sola vida. Y una palabra que logra acercarse a todo lo que representas es justamente esa: inmensa.
Porque lo has sido en cada gesto, lo eres en cada día y lo seguirás siendo en todo lo que dejas en nosotros.
Gracias, mamá, por enseñarnos a vivir, por sostenernos incluso en silencio y por estar siempre. Feliz día mamá.
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