Incomprensible (desde la vida real):
Caso 1: cuando usted ha conocido personas que hoy son “amigos” suyos, pero que lo únicamente cierto es la etiqueta con la que usted les ha catalogado, dado que el lazo de amistad queda en duda. Basta ver, por ejemplo:
Usted tiene una amiga(o) que, a su vez, tuvo una relación fraterna con una tercera persona, y esta tercera persona fue subordinada de su amiga(o). Con el transitar del tiempo, a la fecha la tercera persona ocupa una posición importante en la sociedad, y usted, por esas ‘cosas de la vida’, necesita ‘una manito’ (en sí, que le brinden oportunidad para obtener recursos a través de entregar sus conocimientos/habilidades/destrezas). Por lo que, usted pide a su amiga(o) que le ayude para que lo recomiende con esta tercera persona, y así alcanzar su objetivo. Luego de llamadas y mensajes (que van y vienen), y de partir de la hipótesis de que si su amiga(o) intercede ante esta tercera persona, todo será más fácil ya que es ilógico que le niegue favores a quien en su momento le brindó oportunidad… el desenlace: su amiga(o) le comunica que va a insistir por su caso y que él/ella espera a poder almorzar con esta tercera persona para lograrlo. Preguntas: ¿Y si le escribe por WhatsApp? ¿Y si le llama? ¿Excusas? ¿Me está tomando el pelo?
Mi lectura: su amiga(o) cree que usted es ingenua(o); las dilaciones no equivalen a que él/ella le esté fallando… nótese mi nivel de ironía.
Caso 2: cuando usted ha sido formada dentro de un seno familiar donde se le inculca que la constitución de familia entre un hombre y una mujer implica la unión basada en el amor, la lealtad y la fidelidad; aunque, y como va el mundo, parecería ser que la fidelidad es común de todo lo retrógrado, ya que para “edificar” el hogar, la ceguera frente a la traición es “la regla”. Para muestra:
Usted observa en un centro comercial a una pareja comprometida; un matrimonio de un hombre y una mujer, e hijos; y cómo debe de ser: civil y eclesiástico… la idea que se nos viene a la mente, conforme el pensar de nuestros mayores: “se aman, y la fidelidad impera”. Sin embargo, por esas ‘cosas de la vida’, llega a su conocimiento que el esposo mantiene una aventura con una amante, y la materialización de esa relación con esa nueva dama ha sido una vida concebida. Preguntas: ¿Viva la sinvergüencería? ¿Por qué se juega con los corazones de las personas? ¿El hombre cree que siempre tendrá oculta la relación que mantiene con la amante? ¿Por qué buscar ‘fuera de casa’ lo que ya posee ‘dentro de su hogar’? ¿La culpa es de la esposa por no cuidar a su esposo? ¿La culpa es de la amante por creer en ese canto de sirena: “me dijo que estaba separado” ¿Lo prohibido, atrae?
Mi lectura: falta de amor propio en el hombre y es sumamente penoso que lance a la basura a su familia por una tercera persona; debería ser su final: “sin pan y pedazo”.
Juzguen ustedes.
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