G8, G20, G72…
Hay mucha agitación y muchas reuniones de los países industrializados que tratan de controlar la crisis del sistema neoliberal que se ha vuelto incontrolable. Apenas posesionado, el presidente francés viajó a Alemania y ahora está en
Estados Unidos reuniéndose con el presidente Obama, con el grupo de los 8 países más industrializados del planeta (G8) y con la OTAN (Organización del Tratado militar de los países del Atlántico Norte). En Brasil está la reunión del G20, o sea, de los países más contaminantes del mundo, para -dicen- controlar las emisiones y actividades nocivas para el medio ambiente.
Las organizaciones sociales y populares no se quedan atrás. Su nombre se está multiplicando sobre todos los continentes. El primero de estos grupos que comenzó a sacudir, hace unas décadas, la dominación de los grandes países económicamente más potentes (Estados Unidos, Europa y Japón) fue el de unos 72 países del Tercer Mundo (G72) liderados por Cuba. Desde el comienzo del nuevo milenio, muchos países pobres o emergentes son unidos y reunidos para crear alternativas de sociedad y de comercio, en particular Brasil, África del Sur e India.
Lo mismo pasa con las organizaciones campesinas, sindicales, ambientales. Una de las reuniones anuales mundiales más significativas es la del Foro Social Mundial, primero en Brasil y luego en todos los demás continentes.
Actualmente grandes esfuerzos se están haciendo para fortalecer la Integración sudamericana: el año pasado se formó la Celac o Comunidad de los Estados Latinoamericanos y Caribeños. Y crece la fraternidad de la Patria Grande.
Esto nos provoca preguntar en nuestros distintos lugares donde vivimos y trabajamos: ¿Nos estamos organizando para resistir los embates de la televisión y la sociedad de consumo individualista y materialista? ¿Nos estamos uniendo para un compartir solidario, para una mejor alimentación, mejor salud, mejor protección del medio ambiente?
¿Esperamos que otros den la vida para sentarnos a mesa puesta? ¿O seguimos viviendo “a la buena de Dios”, es decir, como les gusta al diablo?
Muchos cristianos somos sal, luz y fermento en todas estas instancias para confirmar que son signos de la Buena Nueva de Jesús y de su Reino entre nosotros. La “Ciudad de Dios” descrita en el Apocalipsis se está construyendo mediante nuestros actos.
El camino está abierto: aportemos nuestros granitos de arena, porque la playa es solamente una inmensidad de granitos que se han unido en un gran abrazo de mar a mar.
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