Francisco pide a la Iglesia regresar a la humildad
La entrevista realizada por el padre Antonio Spadaro, director de La Civiltà Cattolica, ha colocado varios temas en discusión sobre el rol de la Iglesia católica, el Vaticano como su representación y al Papa como su mayor representante y conductor.
Quizá lo más significativo en términos históricos es la defensa de Francisco sobre el rol femenino cuando dice que “las mujeres están formulando cuestiones profundas que debemos afrontar”. ¿Se refiere a la soberanía de su cuerpo, a la autonomía de sus decisiones, a la violencia contra sus cuerpos y vidas? ¿O será que es un tema que requiere una discusión interna del rol de la mujer en la Iglesia?
Por eso dijo también: “Es preciso profundizar más en la figura de la mujer en la Iglesia. Hay que trabajar más hasta elaborar una teología profunda de la mujer”. Y añade algo que puede invocar a unas decisiones políticas de mayor rigor: “En los lugares donde se toman las decisiones importantes es necesario el genio femenino”.
No tengo memoria o datos que nos indiquen si sobre estos temas hay una discusión dentro de la Iglesia. Quizá sí, pero en la perspectiva propuesta nace, obviamente, la necesidad de escuchar a las mujeres religiosas. ¿Qué dicen de esto?
Por lo mismo, cuando Francisco se refiere a estos temas no deja de lado lo que para él es un problema de los sacerdotes y su influencia en los debates de los ciudadanos, en sus asuntos privados: “No podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos”.
Más allá de distanciarse de una ideología de derechas, como él lo dice, también hay algo que podría abrir un debate público: “La Iglesia ha vivido tiempos de genialidad, como por ejemplo el del tomismo. Pero también vive en tiempos de decadencia del pensamiento”. Y acota: “El pensamiento de la Iglesia debe recuperar genialidad y entender cada vez mejor la manera como el hombre se comprende hoy, para desarrollar y profundizar sus propias enseñanzas”.
¿Por eso será que llega a la siguiente conclusión: “Veo a la Iglesia como un hospital de campaña tras una batalla?”.
Si Francisco, en su mayor esencia ignaciana, ha dicho todo esto y mucho más, es porque también en la sociedad hay temas que la Iglesia ha dejado de lado para someterse a la lógica del poder que maneja. No solo son denuncias de corrupción, también hay una búsqueda de devolver a los sacerdotes su razón de ser: la humildad, la modestia y el servicio absoluto. Por eso ha pedido que la primera reforma será la de las actitudes, para que los ministros del Evangelio caldeen sus corazones en las personas, para saber dialogar, porque la Iglesia necesita pastores y “no funcionarios clérigos de despacho”, como lo dice con certeza Francisco.
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