Estudiar hasta el límite de las aptitudes y talentos (1)
Los científicos franceses Henry Wallon y Paul Langevin, en 1944, hace 70 años, propusieron un plan de reforma de la enseñanza que lleva sus nombres. El plan es considerado todavía por muchos entendidos como el más completo y profundo que jamás se ha escrito. Se ha llegado a decir que jamás la pedagogía y la psicología dijeron tanto en tan pocas páginas (44 páginas). Muchas reformas de la enseñanza se han inspirado en él, pero en ningún lugar ha sido implementado por completo.
En 1976 reproduje este documento, como parte del libro Pedagogía, orientación y futuro, de mi autoría, editado por la Universidad de Guayaquil.
En la parte más revolucionaria y trascendente dice: “La reconstrucción completa de nuestra enseñanza reposa sobre un restringido número de principios, de los que todas las medidas a tomar de inmediato o a largo plazo serán su aplicación. El primer principio, el que por valor propio y amplitud de sus consecuencias domina a los demás, es el principio de justicia. Ofrece dos aspectos que de ninguna manera son opuestos, sino complementarios: la igualdad y la diversidad. Todos los niños, cualesquiera sean sus orígenes familiares, sociales, étnicos, tienen igual derecho al desarrollo máximo que su personalidad implica. No deben encontrar otra limitación que la de sus aptitudes. La enseñanza debe, pues, ofrecer a todos posibilidades iguales de desarrollo. Abrir para todos el acceso a la cultura, democratizarse menos por una selección que aleja del pueblo a los más dotados que por una elevación continua del nivel cultural del conjunto de la nación. La introducción de la ‘justicia en la escuela’ por la democratización de la enseñanza pondrá a cada uno en el lugar que le asignen sus aptitudes, para el mayor bien de todos” (…) “La valoración de las aptitudes individuales en vista de una utilización más exacta de las competencias plantea el principio de la orientación. La orientación escolar -primero- y la orientación profesional -después- deben desembocar en poner a cada trabajador, a cada ciudadano, en el puesto mejor adaptado a sus posibilidades, el más favorable a su rendimiento”. (…) “La reforma de nuestra enseñanza debe ser la afirmación de nuestras instituciones del derecho de los jóvenes a un desarrollo completo. La legislación de una república democrática debe proclamar y proteger los derechos de los débiles, debe proclamar y proteger el derecho de todos los niños, de todos los adolescentes, de gozar de la educación”.
Las consecuencias de estos principios es eliminar los obstáculos, físicos, mentales y culturales que se han convertido en problema e implementar las medidas adecuadas para que los sueños se
hagan realidad.
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