El furor ético se globaliza
Gritos indignados cuyo eco recorre el mundo tienen múltiples motivos.
Indigna que existiendo una Corte Penal Internacional para hacer justicia, un presidente, premio Nobel de Paz, ordene, vengativo, el asesinato de un enemigo externo. ¿Ejercicio del mal en nombre del bien?
Indigna el desarrollo arbitrario del Derecho Internacional Público que establece una excepción a la prohibición de la intervención armada en otro país, invocando el principio de legítima defensa de los Estados expresado en la “Extraterritorial Law Enforcement”, especialmente a partir del 11/09/ 2001, que la autoriza bajo el sofisma de que no supone ataque contra el Estado sino contra un objetivo terrorista. Doctrina que aplicó obsecuente el gobierno de Uribe en Ecuador.
Indigna que amparados en esa interpretación, el Imperio y sus aliados de la OTAN apliquen selectivamente, a su conveniencia, la intervención armada contra un régimen petrolero, que trataban de amigo, haciéndose de la vista gorda con otros que no tienen petróleo y que necesitan para su estrategia de dominación del Medio Oriente.
Indigna lo que ocurre en Palestina. El nonagenario Hessel, autor del pequeño libro “Indígnate” lo expresa: “Hoy mi mayor indignación tiene que ver con Palestina, la Franja de Gaza y Cisjordania. Es absolutamente esencial leer el reporte de Richard Goldstone, de septiembre del 2009, en Gaza, en que un juez sudafricano y judío que afirma ser aun sionista, acusó al ejército israelí de haber cometido actos comparables a crímenes de guerra y quizás en determinadas circunstancias crímenes contra la humanidad durante su Operación Plomo Fundido”, que duró 3 semanas y que ocasionó 1.400 muertos, incluyendo mujeres, niños y ancianos en el campo palestino.
Indigna que el Imperio pretenda seguir apoderado de su “patio trasero”, con intervenciones como la que apoyó un burdo golpe de estado en Honduras, y ahora impone sanciones a Venezuela, buscando generalizar el criminal embargo a Cuba.
Indigna que la trasnacional Philip Morris plantee juicio intimidatorio contra Uruguay por su ley antitabaquismo.
Indigna, en fin, que se apele a los mismos métodos de los terroristas con tal de acabar con ellos. No podemos validar esas voces que instan a reemplazar los estándares del derecho y la justicia por los del ajusticiamiento y la venganza, como lo expresa la politóloga-psicóloga, Natalia Springer, al analizar el terrorismo en Colombia, a la luz de la psicología adleriana.
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