Ecuador, lo que se publica y lo que investiga
El seminario internacional “Herramientas para la difusión del conocimiento científico” (Senescyt 08-2013) aportó temas trascendentes sobre la investigación nacional. En el debate se enfatizó en la problemática de las publicaciones ecuatorianas y, para quienes están en el quehacer científico real, las cuestiones son claras: una cosa es lo que se publica sobre el Ecuador y otra muy diferente lo que en el país se investiga.
En la bibliometría nacional aparecen 3.573 artículos publicados (2003-2012) sobre el Ecuador, como es más acertado decir, ya que los publicados desde el Ecuador representan solo el 10%. Es decir, unos 350 estudios se realizaron en el país, en centros ecuatorianos, con personal nacional y se publicaron fuera. Esta es nuestra realidad investigativa.
Nos engañamos y nos engañan las cifras cuando las tomamos en bruto. Al analizar las áreas en que se publica en el Ecuador, la temática investigada y, sobre todo, el origen de la investigación, la tragedia investigativa nacional es abrumadora.
En ciencia se debe considerar lo que se denomina el “autor líder”, es decir la persona que pensó, diseñó y ejecutó la investigación y la publicó. Siendo generosos, podrían contarse en el país los 350 estudios antes mencionados, realizados en 10 años. Pero, ¿de dónde salen las 3.573 publicaciones? La respuesta es simple: los ecuatorianos no publicamos; son investigadores de otros países quienes publican sobre el Ecuador, por eso aparece el país en las bases de datos.
Siendo generosos, podrían contarse en el país los 350 estudios antes mencionados, realizados en 10 años, ¿de dónde salen las 3.573 publicaciones?
Pero es peor aún advertir que muy poco aparecemos como “autor líder”; la mayoría de investigaciones (90%) son hechas afuera, con muestras enviadas por los “colaboradores” nacionales y que en “agradecimiento” constan en las publicaciones científicas como coautores (léase amigos), pero los créditos se ganan los “autores líderes”.
Esta forma de ver la producción científica nacional evidencia una ficticia creación científica, una ilusión de productividad, incluso hábilmente utilizada por los coautores y las instituciones. Las estandarizaciones, acreditaciones y evaluaciones de las universidades se basan en el número de publicaciones y no en el “autor líder” que sería lo adecuado. Es decir, hacemos poca investigación nacional pero tratamos de ver y mostrar más en donde no hay.
Es triste el panorama para el país. Si queremos levantar nuevos centros de investigación, crear universidades, hacer ciencia e investigación seria, debemos pasar por un filtro de sinceridad y valorar lo que realmente se hace y, sobre todo, quién y dónde lo hace.
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