Dominar el bosque
Muchas veces, al asumir un rol de liderazgo o integrarnos en una nueva estructura, vemos a la organización como un plano bidimensional: un organigrama rígido, una lista de procesos y un flujo de correos electrónicos. Sin embargo, la realidad es mucho más densa y vibrante. La comunicación estratégica en una organización no es una línea recta; es un bosque por explorar.
Recorrer este bosque significa aceptar, desde el primer día, que no todo se entiende a la primera mirada. Las organizaciones tienen sus propios ecosistemas, susurros y áreas de sombra que no figuran en ningún manual de inducción.
En el mundo corporativo, nos han enseñado que perderse es sinónimo de ineficiencia. Pero en el ámbito de la comunicación interna, extraviarse es una etapa necesaria del aprendizaje. Solo cuando nos permitimos soltar el mapa preestablecido empezamos a notar los ritmos reales del equipo: quiénes son los influenciadores naturales, dónde se rompe la información y cuáles son los silencios que dicen más que mil palabras.
Perderse no es fracasar; es la oportunidad de descubrir los senderos ocultos. Esos caminos informales por donde fluye la confianza y la cultura organizacional. Solo quien se atreve a extraviarse logra comprender la lógica profunda de su entorno.
El conocimiento verdadero en una organización no se impone mediante decretos o comunicados oficiales. Se construye paso a paso, con la humildad de quien reconoce que el aprendizaje es un proceso infinito. Para dominar el bosque de la comunicación, son necesarias tres acciones fundamentales:
En primer lugar, observar, mirar más allá de lo evidente para detectar las dinámicas de poder y colaboración. Una segunda acción tiene que ver con la escucha estratégica, esto es atender no solo lo que se dice, sino el tono y la intención detrás de cada mensaje. Finalmente, la acción de habitar, es decir estar presente de forma auténtica, involucrándose en la realidad cotidiana de los colaboradores.
"El bosque no se conquista desde afuera: se transforma en territorio propio cuando lo habitas con paciencia y conciencia."
La comunicación estratégica suele verse como una herramienta de control, pero en realidad es un ejercicio de presencia. Quien recorre el bosque una y otra vez, con determinación, deja de temerle a la complejidad. La incertidumbre inicial se transforma en una ventaja competitiva cuando el líder deja de ser un observador externo para convertirse en parte del ecosistema.
Dominar el bosque organizacional no implica talarlo o domesticarlo para que se ajuste a nuestros deseos. Implica aprender su lenguaje. Cuando logramos que la estrategia de comunicación respire al mismo ritmo que la cultura de la empresa, dejamos de gestionar crisis para empezar a cultivar comunidades. Por eso, quien comunica estratégicamente debe recorrer el bosque una y otra vez.
Solo quien se permite extraviarse descubre los senderos particulares. Solo quien regresa, observa y escucha, logra comprender la lógica profunda de la organización.
Al final del día, la comunicación —como el liderazgo y como la vida misma— requiere paciencia y propósito. El bosque siempre estará ahí, desafiante y profundo. La diferencia radica en si decidimos mirarlo desde la orilla o si tenemos la valentía de entrar en él para convertirlo en nuestro propio hogar.
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