Diplomacia de micrófono
Alguna vez leí un libro de Isabel Allende que hablaba de nunca perder la maravillosa oportunidad que nos da la vida de quedarnos callados. Esta frase que nos debería acompañar en el ejercicio no “meter la pata”, vino a mi memoria
a raíz de los comentarios del vicecanciller Kintto Lucas sobre su oposición a los acuerdos comerciales con la UE y sus diferencias con el viceministro de la Producción, Mauricio Peña.
Aunque la forma tiene que ver con la posición ideológica de Lucas, sobre la búsqueda de un acuerdo comercial con la UE que él no comparte y que contrasta con la tarea que hace el Ministerio de la Producción para lograrlo; el fondo tiene que ver con la “diplomacia de micrófono”, cuya gravedad reside en la forma como se discrepa en público y de manera altisonante sobre asuntos importantes y sensibles para el país, que pueden llegar a tener consecuencias negativas. No es que los funcionarios estén obligados a tener una línea de pensamiento idéntica, pero sí están obligados a que sus declaraciones públicas guarden coherencia con las políticas de Estado trazadas por el presidente Correa, que ya se había pronunciado en el sentido de querer buscar acuerdos comerciales con la UE en términos más equitativos para el Ecuador.
El mensaje del canciller Patiño aceptando que las declaraciones del Vicecanciller son personales, pero también oficiales por el cargo que ocupa, confirma que esa posición es “oficial”, pero lo que no me queda claro es por qué la oficial del Vicecanciller difiere de la oficial del Presidente. En cualquier caso, el asunto no es intrascendente si se tiene en cuenta que el pasado lunes, Lucas, en calidad de canciller (e), tuvo que reunirse con el Encargado de Negocios de la UE para Ecuador, a fin de recibir sus credenciales, y en esa misma cancillería que debe llevar a cabo unos acuerdos en los que no cree.
Este tipo de declaraciones crea una imagen de brújula sin norte en materia de relaciones internacionales, porque el mensaje que habíamos recibido es que se estaba buscando ese acuerdo comercial con la UE en coordinación con el Ministerio de la Producción, y ahora resulta que no le gusta a la cancillería, que es la que lo hace.
De otra parte, el sentido de oportunidad y la prudencia son primordiales, y en diplomacia -con frecuencia- “menos es más”, por lo que enredarse en este momento en el activismo político internacional del Medio Oriente es una imprudencia, si ello no trae ningún beneficio para el Ecuador. El silencio puede lograr lo que las palabras dañan.
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