Dios o el dinero
En su tiempo, Jesús dejó planteada esa disyuntiva para las y los que elegían seguirlo: construir personas y sociedades a partir de la pobreza digna y a partir del protagonismo de los pobres. Llamó a este proyecto el Reino. Frente a aquello, hay dos grupos de personas: las que se pasan la vida acumulando bienes y las que la pasamos construyendo la fraternidad con las víctimas de los adinerados.
Al nivel planetario, se ha llegado a la globalización. Lastimosamente, lo hemos logrado en torno al dinero y las consecuencias nefastas están a la vista: la tercera cuarta parte de la población mundial pasa hambre, no tiene agua potable, muere de enfermedades curables y no ve por ninguna parte soluciones a estas injustas situaciones. El 1% de la población mundial controla, mediante su dominio sobre 80% de las riquezas, el destino del 99% y este destino es la muerte. Estamos llegando al colapso de la naturaleza y del orden social, hasta en los mismos países desarrollados. Llama la atención que sea el Occidente cristiano el gran hacedor de esta tragedia.
El dinero y su acumulación en pocas manos nos están destruyendo a todos. No faltan voces de alerta que, por todas partes, nos dicen que estamos próximos a un punto sin retorno. Felizmente, desde el principio de este nuevo milenio se han levantado millones de voces, decenas de miles de organizaciones y pueblos enteros que dicen “¡Basta!”, denunciando este genocidio global y poniendo en marcha la globalización de la fraternidad. Estos pertenecen al mundo de la víctimas, apoyados por las y los -en particular jóvenes- que renuncian a gozar de la falsa felicidad otorgada por el dinero fácil.
El continente Abya Yala, desde la cosmovisión indígena, alza su bandera arcoíris para dar a conocer su propuesta social basada en la comunidad y no en el individuo, en la comunión con la naturaleza y no en su saqueo, en la fraternidad y no en la acumulación de dinero: los deberes llevan la delantera a los derechos.
Ecuador está en esta encrucijada. Unos, en torno a la banca y el dinero, nos proponen las mil maravillas. Muchos denunciamos la falacia de estas propuestas y proclamamos la vigencia de una revolución ciudadana que nos involucre a todos para construir una patria fraterna desde las víctimas de la globalización neoliberal.
Los cristianos estamos llamados más que nunca a construir nuestra vida y la de toda la sociedad, no sobre el dinero sino sobre Dios, que sostiene este proyecto de vida, fraternidad y felicidad.
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