Un nuevo contrato social
Las causas y efectos del virus que ha invadido el mundo, no dejan de llevarnos a pensar en los orígenes o fuentes de todo: el derecho. En los primeros años de universidad aprendimos que los fundamentos del derecho eran la costumbre, la doctrina y la jurisprudencia. Otro presupuesto, asimismo importante se consideraba a la realidad; es decir, el contexto, escenario o marco cultural denominado “ethos”.
Esta introducción viene a cuento porque en los aciagos días de esta pandemia, se descubrió -¡vaya descubrimiento!- que un sector importante de la población no cumplía con las normas de confinamiento establecidas por la autoridad sanitaria. Las respuestas de la gente eran inverosímiles, salidas de la imaginación y los pretextos más absurdos.
La consigna era salir de las casas a “respirar aire puro”, “tomar una cerveza” o “conversar con los amigos”. Ciertas o no, los argumentos para no cumplir, para no obedecer, a sabiendas que las aglomeraciones son fuentes de contagio, llevaban a un fin perverso: los cadáveres en calles y morgues que hicieron noticia internacional.
¿Por qué no se cumplen las normas? ¿Falló la estrategia de comunicación e información? ¿O es que en pleno siglo veintiuno, ya no sirven los mensajes aun cuando esté de por medio la vida o la muerte? ¿Los muertos también tienen derechos? Ante estas preguntas las disculpas están, ciertamente, fuera de lugar. “La ignorancia de la ley no excluye a persona alguna”, es otra respuesta socorrida. Pero, no soluciona el asunto de fondo, que supera los parámetros de la educación básica, e incluso de la denominada impronta cultural.
La solución está no solo en los juristas o en los políticos. Y tampoco en los economistas. Es urgente repensar en nuevos paradigmas y filosofías que vayan más allá del cuerpo y el espíritu de las leyes. Necesitamos nuevos Papinianos, nuevos Montesquie, nuevos Rousseau.
El mundo requiere un nuevo contrato social, que recobre la humanidad -la legalidad y la legitimidad- en aras de un derecho no declarativo, de carácter inclusivo, no en las palabras sino en los hechos. Y nuevos liderazgos no contaminados de egoísmos. (O)
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