Revolución con talento
Una revolución, que es un cambio de lo existente en una sociedad, puede y debe dar prioridad a inspiraciones de variada naturaleza, que son las que van a dar unas tonalidades, unas preferencias, unas inclinaciones a esos cambios.
Esas tónicas no excluyen a otras características de un proceso que se va construyendo, definiendo e identificando con el paso del tiempo, con las acciones y los sustentos ideológicos que se asumen.
Poner al talento humano como un aspecto predominante de selección para gestar las principales iniciativas de ese proceso llamado Revolución Ciudadana es poner como un ideal óptimo a la inteligencia, al conocimiento, las habilidades, la experiencia, la creatividad y hasta la genialidad, y eso significa poner como meta el aprovechamiento de lo mejor del ser humano.
Se ha dicho y recalcado que el destinatario de este proceso revolucionario es el ser humano, la población, la sociedad en su conjunto.
En otras épocas recientes lo prioritario para hacer funcionar a todos -a los seres humanos y a las colectividades- eran los aspectos económicos y financieros, el comercio y su derivación, el mercado.
En períodos anteriores eran la fuerza y el potencial militar; en otros, la alcurnia y la sangre azul, o la religiosidad en los actos humanos.
Es una de las diferencias entre izquierda y derecha, pues las revoluciones, que son los cambios predominados en función del ser humano y su inteligencia, han sido hechas teniendo como destinataria a la especie humana en su integridad, y no en aspectos generados por una porción de ella.
Por eso es que los cambios revolucionarios deben sustentarse en la educación, para que sean reales y permanentes, porque la naturaleza humana se nutre de los valores, principios, costumbres y culturas, que son las que tienen que cimentarse y permanecer en las relaciones sociales.
La Revolución Ciudadana incursionó con éxito sostenido en los cambios de la educación, no solo en el manejo politiquero, que por décadas la había atrofiado, sino en la categorización del talento humano como el valor prioritario de su funcionamiento.
Para que se aproveche el talento del ser humano, la educación, en todas sus facetas, tiene que abrir espacios donde se cultiven las ciencias y las tecnologías como herramientas sustantivas de su quehacer permanente y cotidiano, y sean el objetivo fundamental de su existencia.
Bien que las nuevas cuatro universidades y las dos giras presidenciales ronden en torno a este objetivo trascendente.
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