El Telégrafo
Ecuador / Jueves, 28 de Agosto de 2025
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Recordar la historia y defender la paz para construir un futuro mejor

Por Wei Lin, encargada de negocios a. i. de la Embajada de China en Ecuador

El progreso de la civilización exige mantener viva la memoria histórica. En esta solemne ocasión del 80.º aniversario de la victoria de la Guerra de Resistencia del Pueblo Chino contra la Agresión Japonesa y de la Guerra Mundial Antifascista, debemos extraer sabiduría y fortaleza de las profundas lecciones de la Segunda Guerra Mundial y de aquella gran victoria, para trabajar unidos en la construcción de un futuro mejor para la humanidad.

I Preservando la valiosa memoria histórica

En 1931, la Guerra de Resistencia del Pueblo Chino contra la Agresión Japonesa marcó el inicio de la Guerra Mundial Antifascista. Durante 14 años de intensos combates, militares y civiles chinos soportaron el enorme costo de más de 35 millones de bajas y pérdidas económicas superiores a 600.000 millones de dólares estadounidenses. Resistieron y contuvieron a la mayor parte de las fuerzas japonesas y, como principal frente oriental, contribuyeron de manera decisiva a la victoria de la Guerra Mundial Antifascista.

Bajo la bandera del Frente Unido Nacional contra la Agresión Japonesa, promovido por el Partido Comunista de China, el pueblo chino permaneció unido para derrotar a los despiadados militaristas japoneses. Al mismo tiempo, esta guerra justa recibió la solidaridad y el apoyo de las fuerzas pacíficas del mundo. China combatió codo a codo con la Unión Soviética, Estados Unidos, el Reino Unido y otros aliados antifascistas, en campos de batalla tanto dentro como fuera de su territorio, escribiendo un capítulo épico en la historia de la humanidad.

Hoy, ochenta años después, conmemoramos esta victoria no solo para recordar, sino también para proteger la memoria y reflexionar sobre ella, con el fin de que el mundo recuerde siempre: la paz se conquistó con grandes sacrificios y debe ser apreciada; la historia no puede manipularse y la justicia debe defenderse.

II Defendiendo el orden internacional de posguerra

Hace ochenta años, tras reflexionar profundamente sobre las lecciones de la Segunda Guerra Mundial, la humanidad tomó la trascendental decisión de establecer las Naciones Unidas, sentando así las bases del multilateralismo e inaugurando una nueva era de paz general. Como miembro fundador, China fue el primer país en firmar la Carta de la ONU. Cuanto más turbulenta y compleja se vuelve la coyuntura internacional, con mayor firmeza debemos defender el sistema internacional con la ONU en su centro, así como el orden internacional sustentado en el derecho internacional y en los principios y propósitos de la Carta de la ONU.

La devolución de Taiwan, arrebatada por Japón, a China constituye una parte integral de la victoria en la Segunda Guerra Mundial y del orden internacional de posguerra. La Declaración de El Cairo, la Proclamación de Potsdam y otros documentos jurídicamente vinculantes confirman la soberanía de China sobre Taiwan. Estos hechos históricos y legales son incuestionables, y la Resolución 2758 de la Asamblea General de la ONU goza de plena autoridad. Independientemente de cómo evolucione la situación en la isla, o de cómo las fuerzas externas intenten perturbarla, la tendencia histórica hacia la reunificación definitiva de China es imparable.

Es importante destacar que, tras su victoria, China apoyó activamente los movimientos de liberación nacional en todo el mundo, aportando al desmantelamiento del sistema colonial posterior a la guerra y transformando el panorama político mundial. Actualmente, el Sur Global experimenta un crecimiento significativo, consolidándose como una fuerza clave en la transformación del orden internacional y contribuyendo con mayor convicción al progreso de la civilización humana como una fuerza histórica fundamental.

III. Construyendo un futuro mejor para la humanidad

Las terribles llamas de la Segunda Guerra Mundial dejaron una profunda lección: la ley del más fuerte no puede ser el camino de la convivencia humana. Ochenta años después, el mundo aún enfrenta agitación y conflictos, y resurgen ideas que pretenden justificar que “la fuerza da la razón”. ¿Qué mundo debemos construir? ¿Cómo lograrlo? En consonancia con la tendencia de nuestros tiempos —paz, desarrollo, cooperación y beneficio mutuo—, el presidente chino Xi Jinping propuso el concepto de construir una comunidad de futuro compartido para la humanidad, impulsando firmemente la paz y el desarrollo globales.

Guiada por este noble objetivo, China ha trabajado con otros países para promover la construcción conjunta y de alta calidad de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, que se ha convertido en la mayor y más amplia plataforma de cooperación internacional del mundo. Asimismo, ha propuesto e impulsado las Iniciativas Globales para el Desarrollo, la Seguridad y la Civilización, generando un amplio consenso y creando una poderosa sinergia para que los países persigan conjuntamente el desarrollo, refuercen la seguridad y promuevan la civilización.

Hace ochenta años, China, junto con los pueblos de otros países, ganó la batalla decisiva en la que la justicia triunfó sobre el mal y la luz disipó la oscuridad. Hoy, China colabora con un número cada vez mayor de naciones para impulsar a la sociedad humana hacia el desarrollo pacífico, la seguridad compartida, la inclusión y el aprendizaje mutuo. Tanto el pueblo chino como el ecuatoriano valoran la paz, defienden la independencia y buscan la felicidad. China está dispuesta a trabajar con todos los países, incluido el Ecuador, para ser constructores permanentes de la paz mundial, impulsores del desarrollo global y defensores del orden internacional, trabajando juntos por un futuro mejor.