Para la reflexión
En Ecuador, culminó la campana electoral presidencial 2021; más allá de los resultados oficiales que la autoridad electoral deberá comunicar al país, y de que, con ello, tengamos nuevo presidente hasta el 2025. Con ese acto, siento que en buena parte de la población la voz, al unísono fue: “por fin, qué alivio”. Y sí, en este país, a decir del ex Alcalde de Guayaquil Jaime Nebot (palabras que suscribo): la forma de hacer política es sumamente repugnante: las progenitoras de los candidatos se vuelven populares, ya que sus nombres circulan por las redes, no necesariamente con halagos; personas que conforman el frente de simpatizantes de los candidatos, quienes, a ratos, se tornan agresivas en el uso de la palabra, para nada tolerantes, y, paradójicamente, actúan de la misma manera que quienes en su momento criticaron (años atrás): “si usted no está de acuerdo con nuestra preferencia política, entonces o es opositor o nos “cae mal”, porque más importante es nuestra causa (apoyo al candidato) que el que usted ejerza su libertad para señalar lo que está bien o mal”; y, hasta periodistas y comunicadores quienes hoy más que nunca de forma abierta y pública dieron a conocer su preferencia política, inclinaron su voz y sus pensamientos a defender su tendencia, llenaron la plana de sus entrevistados(as) exclusivamente de una organización política, e incluso, creo yo, se volvieron actores políticos partidistas.
Justamente ayer pensaba en voz alta: ¿Cómo quedan aquellas y aquellos quienes mediante un micrófono o una cámara se sinceraron -en algunos casos tardíamente- respecto a su preferencia política, y hasta llamaron a sus audiencias a que sufraguen por la opción que ellos creen es la más idónea? Yendo más allá: ¿Pueden seguir comunicando con veracidad cuando inclinaron la balanza, y colgaron su oficio para volverse parte del frente simpatizante de uno de los candidatos? Es más, ¿Qué ocurre si “mañana” uno(a) de ellos(a) expresa que la opción política que no prefirió “hoy” es la que necesitaba el Ecuador, que el gran elector sufragó con sabiduría, y bla-bla-bla?
Mis progenitores, mis maestros, en mi espacio doctoral y en mi experiencia al ejercer comunicación profesional se me inculcó: su parcialidad es como individuo; como persona al comunicar al público está llamado a actuar bajo el paraguas de la ética, y, por ende, a colgar afectos y desafectos políticos. No se puede servir a dos “amos”. Si desea ser simpatizante político partidista, abandone el oficio. No trate de subestimar a las audiencias. (O)
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