Ofrenda a un poeta
Las calles de México nunca serán las mismas sin Octavio Paz. Un hálito de especial admiración pervive por su imagen en los círculos literarios. Nació en una de las ciudades más pobladas de América el 31 de marzo de 1914.
En la esencia de su vida compartió los ideales políticos de izquierda; en la etapa de su madurez fue un defensor acérrimo de aquellos novísimos vientos liberales. Controversial; cuestionado por la intelectualidad allegada al marxismo, contó -al contrario de aquello- con el apoyo de Mario Vargas Llosa. Tres géneros determinaron su acervo en el campo de las letras: la poesía, el ensayo y la crítica. En resumen, se destacó como escritor, editor, diplomático, pensador contemporáneo. Sus sentidas distinciones fueron: Premio Miguel de Cervantes (1981), Premio Internacional Menéndez Pelayo (1987), Premio Nobel de Literatura (1990).
La poesía es la conjugación de los sueños con la realidad, el colapso subjetivo con la palabra, la telaraña de metáforas, el demonio que ronda en los pasillos de la creación, la memoria de los pueblos, la gran fabricante de fantasmas.
Sus libros lo consagraron por la profundidad del tratamiento literario: Libertad bajo palabra, Ladera Este, El laberinto de la soledad, El ogro filantrópico, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, El mono gramático, entre otros.
Hombre de un inmenso sentido reflexivo. Cuando obtuvo el Premio Nobel, afirmó: “El pasado reciente nos enseña que nadie tiene las llaves de la historia. El siglo se cierra con muchas interrogaciones. Algo sabemos, sin embargo: la vida en nuestro planeta corre graves riesgos. Nuestro irreflexivo culto al progreso y los avances mismos de nuestra lucha por dominar la naturaleza se han convertido en una carrera suicida”.
Para Eliécer Cárdenas: “Octavio Paz es, sin lugar a dudas, uno de nuestros mayores pensadores en América Latina. No solamente un ‘literato’ como lo describen los despachos internacionales. Su literatura era todo cuanto al ser humano le maravilla, le preocupa, le es amado, odiado o adorado. En suma, la vida humana entera era material para su imperecedera obra. Ser contemporáneo a todos los hombres del mundo fue su ambición. Y la cumplió”.
Paz murió el 19 de abril de 1998.
Ya se anuncian sendas actividades conmemorativas al primer centenario de su natalicio, dentro y fuera de su país de origen.
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