Entusiastas y escépticos frente a la Constituyente
Nuevamente los avatares de la política nacional nosplantean un reto enorme, esta vez relacionado con un nuevo proceso constituyente, que condensa, por una parte, la visión de actores políticos, y por otra, anhelos legítimos de la sociedad, en especial, de los más desfavorecidos. Estamos ante una esperanzadora opción democrática que, sin embargo, es también una disyuntiva espinosa, por los caros intereses en juego para el futuro inmediato. Esta situación genera tensiones entre defensores y contradictores de la Constitución de 2008.
La sociedad está polarizada, unos defienden el mamotreto vigente que lejos de coadyuvar a la solución delos más graves problemas nacionales los ha profundizado, o acaso no son verdad los fracasos en ámbitos como el empleo, la atención de derechos como la salud, seguridad social y educación; el funcionamiento de la justicia; las garantías de los derechos; la ínfima inversión local y extranjera. Otros, argumentan con entusiasmo la necesidadde renovar la norma fundamental hija del molde chavista del fracasado socialismo del siglo XXI, para escribir -otra vez-, nuestra propia historia.
Para escribir la nueva constitución será clave rescatar lo mejor de la norma actual -conservando los avances logrados-, y ponerla al día -aggionarla-, con los cambios que nos coloquen a la vanguardia del pensamiento social y colectivo, de un pueblo soberano sediento de democracia, justicia, racionalidad pública, estabilidad y progreso.Razones las hay de sobra para pensar en la urgencia deconstruir un nuevo marco jurídico supremo a tono con las necesidades del Ecuador contemporáneo. Incluso el mundo ha cambiado radicalmente, hoy es hiper globalizado, hiper tecnologizado, es violento, y está amenazado por el cambio climático, la corrupción y la delincuencia transnacional.
La nueva constitución deberá ser franca, libre de falacias, realista antes que teórica e idealista, pragmática y concisa. Pero no hay que olvidar que el resultado dependerá de algunas cuestiones de fondo: ¿Quiénes serán los constituyentes que redactarán la novel constitución?¿Qué proyectos o propuestas presentarán el gobierno y otros actores? ¿El pueblo al ser consultado aprobará o no el trabajo de los constituyentes? El temor a la posibilidad de desandar algunos avances constitucionales del pasado no debe bloquear la oportunidad de corregir colectivamente el rumbo, con realismo y profunda convicción democrática.
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