Encerrar a los treinta
Bo Ekman es, sin lugar a duda, un personaje singular, empresario sueco que ha pasado por algunas importantes empresas, se lo conoce en el mundo sobre todo por ser el creador de la Fundación Tallberg, una organización caracterizada por reunir a líderes de diversas regiones del mundo, a través de convocatorias que se realizaban precisamente en una pequeña población, los famosos Foros de Tallberg.
En esos foros se exploraban preguntas existenciales, muchas de ellas relacionadas con la naturaleza y la relación de los seres humanos con ella. Tuve la suerte de asistir a un par de estos fantásticos espacios en los que había lugar también para las expresiones artísticas y culturales de diversa índole.
Pero, la razón de ser de este comentario no es sumergirnos en los recuerdos de lo que fueron estas experiencias únicas, irrepetibles, sino más bien reflexionar sobre una reciente propuesta de Bo Ekman, probablemente angustiado, como muchos de nosotros, frente a lo que está ocurriendo en este mundo actual, plagado de enfrentamientos y con situaciones que ponen en riesgo la supervivencia de la humanidad.
Por ello lanza un desafío, probablemente imposible de cumplir, pero que tiene un razonamiento lógico y pone a pensar a muchos en cuales son las posibles soluciones a la multiplicidad de crisis que estamos viviendo.
Así, propone literalmente “encerrar a los treinta más poderosos líderes internacionales en un cuarto y no dejarles salir hasta que una paz mundial sostenible sea acordada entre ellos…”. Seguramente entre los líderes estén los presidentes o responsables de los países más grandes del planeta, así como también de los que se encuentran en conflicto, y los más ricos del mundo, quienes manejan las corporaciones que impactan a todos.
Pongámonos a pensar por un momento en que esto es posible, en que, como ocurre cuando se elige al Papa, al Romano Pontífice, quienes lo escogen y toman la decisión que afecta a los católicos de todo el mundo, no salen del lugar en el que están recluidos, hasta que sale el humo blanco, que anuncia que el cometido ha sido cumplido.
¿Serían capaces los líderes globales de llegar a acuerdos sostenibles? ¿Podrían los que tienen el poder en sus manos, dejar de lado sus intereses limitados, sus preconceptos, prejuicios, condicionantes, para pensar por unos momentos en que una paz duradera si es posible? ¿En la que hay oportunidades para un orden mundial diferente con mayor justicia y oportunidades para todos?
Quedan planteadas las interrogantes, a las que ojalá encontremos respuestas.
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