EE.UU.: superioridad moral
Podemos respirar aliviados. Hay una autoridad moral en el mundo, un ente superior desde donde se delinean las directrices que determinarán el canon democrático de Occidente para el resto de mortales. Se encarga de determinar, país por país, la calidad de la democracia. Su justificación es elevada: “Los gobiernos que protegen los derechos humanos y son evaluados por sus ciudadanos son más seguros, refuerzan la paz internacional y seguridad, y gozan de prosperidad compartida con países democráticamente estables alrededor del mundo”. Bajo este parámetro, Estados Unidos, por ejemplo, estaría de cabeza en el fascismo.
No. Las cosas no son perfectas por acá. Lejos de serlo. Pero no son esa descripción orwelliana de un mundo apenas habitable.La ironía es que es el Departamento de Estado de Estados Unidos el encargado de realizar el Informe Anual sobre los Derechos Humanos. Esto en un país donde la democracia se expande por el mundo a través de helicópteros Apache y escuadrones de marines. Sin embargo, esto no es impedimento para que sea el encargado de decirle al mundo quién está bien y quién está mal. Quién debe cambiar y quién puede seguir su curso normal. Y son nuestros medios los que, sin un ápice de contexto, recogen las noticias lúgubres del estado en el que se encuentra la democracia en nuestro país.
No. Las cosas no son perfectas por acá. Lejos de serlo. Pero no son esa descripción orwelliana de un mundo apenas habitable. Porque, al final, todo es medido con esa vara de las libertades que se ha diseñado en Estados Unidos, a partir de una glorificación del individualismo en detrimento de cualquier elemento social. Y aquellos que no caemos de lleno en esa visión corporativista del mercado, porque termina siempre en el mercado, somos quienes bordeamos los límites de la dictadura.
Pero, a diferencia de ellos, nosotros no tenemos un Guantánamo. Nosotros no tenemos a cuestas el más sangriento siglo. No hemos implantado dictaduras, no hemos enviado ejércitos, no hemos liderado una especie de colonialismo moderno y agresivo. No hemos creado una red de inteligencia tan extensiva que convierte en enemigo al propio ciudadano. No hemos utilizado la discreción para matar al otro lado del mundo.
El informe, hablando sobre Ecuador, asegura que oficiales del Gobierno “continúan discriminando contra mujeres, niños, minorías y la comunidad GLBT”.
Problemas tenemos, y habrá matices en los que esto sea cierto (especialmente en el caso GLBT), pero me cuesta creer en la superioridad moral de un país donde todavía no existe salud universal gratuita.
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