TÍTULOS Y HOJAS DE VIDA
Ni todos los títulos reunidos tienen suficiente valor para generar mérito en alguien que es una mala persona, como tampoco una buena persona pierde su condición por carecer de título universitario. En ambos casos, hay buenos y malos. Hay competentes y exitosos, como Bill Gates y Steve Jobs cuyo indiscutible éxito e indudable contribución a la sociedad no requirieron de título universitario.
Por otro lado, hay excelentes políticos y gobernantes cuyos títulos universitarios nada tienen que ver con el oficio que desempeñan. Ángela Merkel, canciller de Alemania, es doctora en física y ello no le ha impedido ser una figura rutilante e influyente en la política mundial.
El portugués, Antonio Guterres, secretario general de la ONU, es un ingeniero eléctrico que se decantó por la vida política y se ha encumbrado en el sitial más representativo de la política internacional. Otros grandes personajes de la historia tuvieron una vida académica y profesional acorde con su labor.
Nelson Mandela fue abogado, al igual que Mahatma Gandhi; Nikola Tesla fue ingeniero eléctrico, ingeniero mecánico y físico; Antoni Gaudí fue arquitecto y William Osler fue médico. Todos gigantes en su área.
En la segunda mitad del siglo XX, se materializa la educación de posgrado en diferentes carreras y bajo diferentes modalidades. Especialidades y maestrías, para aquilatar el ejercicio profesional y; maestrías y doctorados para fomentar aptitudes y desarrollar habilidades de investigación.
En la práctica médica también se han desarrollado subespecialidades que, al originarse en países angloparlantes, han recibido el nombre de “fellowships”, indicando una colegialidad académica. La historia latinoamericana nos ha mostrado cómo poseedores de títulos académicos de maestrías y doctorados en universidades europeas y estadounidenses, de la mayor reputación, pueden ser altamente perniciosos.
El adagio dice “lo que natura no da, Salamanca no presta”; alternativamente “suerte te dé Dios, que el saber poco te importe”. La actualidad también muestra ambiciones y vanidades que enuncian hojas de vida increíbles y que no están respaldadas por los registros en la SENESCYT, en donde deben constar los títulos académicos.
Es legítimo mostrar y sentir orgullo por títulos bien ganados pero, hacer ostentación de títulos inexistentes o que no son lo que dicen ser, es un vil engaño. (O)
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