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El Telégrafo
Mónica Mancero Acosta

Proto-fascismo

19 de febrero de 2020

 La puesta en escena del movimiento El Otro Ecuador puede sacarnos bromas y sonrisas al observar ese afán de revivir anacronismos que no se les ocurriría ni a los movimientos más antiguallas como el propio Vox español. Pero hay que estar alertados, los impulsos de estos grupos de tintes fascistoides parecen reavivarse en América Latina y en el mundo.

La agenda de este movimiento incluye la clásica y conservadora “defensa de la familia y de la vida”, “de la propiedad privada”, “recuperación de valores cristianos”, “derecho a la defensa por el libre porte de armas” y el más indigesto “rescate de la cultura hispánica”, entre otros. Luego de que el país se enterara, por investigaciones científicas, que los genes de los ecuatorianos son mayoritariamente indígenas y muy escasamente europeos, ellos plantean el retorno a una supuesta hispanidad perdida: no es posible aquí el retorno a ninguna noción de un “folk” de sangre y suelo.

Algunos de sus miembros se dicen historiadores, pero olvidan el hecho desgarrador de la conquista y colonización; por ello no podemos apelar a un pasado común, porque nos escindieron y precisamente la propuesta de plurinacional e interculturalidad de la Constitución vigente apunta a superar estas fracturas. En el fondo, lo que pretenden es fortalecer una dominación racial que en tiempos de multiculturalidad suena arcaica y excluyente.

El problema con estos movimientos es que surgen como proto-fascismos, es decir, concepciones rudimentarias e iniciales fascistoides que al fortalecerse podrían llegar al poder y terminar ocasionando tragedias como las que se vivieron en Europa. Estos grupúsculos no solo despliegan un conservadurismo rancio, sino que propugnan, sin vergüenza alguna, retrocesos en derechos civiles.

La pequeñez de estatura en la foto grupal de estos personajes no nos preocupa tanto como la pequeñez de sus mentes. Movimientos como estos no pueden tener cabida en una sociedad profundamente intercultural como la nuestra, porque su simple presencia constituye una bofetada a nuestra verdadero sustrato cultural y genético, si queremos hablar en este lenguaje. (O)

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