¿Se requiere otra Constitución?
Parecería una locura, una ingenuidad. No obstante, por la compleja situación política que vive el país, en gran medida derivada de la Constitución de Montecristi, no es del todo descabellada la posibilidad de una nueva Constitución.
Sin duda los países que han tenido muchas constituciones son los que peor están. Venezuela, por ejemplo, ha tenido veintitrés. El Ecuador no está muy atrás, con veinte. Evidentemente no hay garantía de que una nueva Constitución sea el camino hacia el desarrollo, pero, lo probable es que, si continuamos con la que tenemos, el caos institucional, el “garantismo” utópico y el “hiperpresidencialismo” serán un obstáculo para desarrollarnos.
Hay países que, siendo exitosos, carecen de Constitución escrita como es el caso de Inglaterra y Nueva Zelanda y ello ha servido para manifestar que no hay necesidad de tener carta política. De otro lado, el país que ha tenido la democracia liberal, ininterrumpida, más larga de la historia, Estados Unidos de América, ha tenido una sola Constitución política. Estas observaciones nos conducirían a pensar que nuestra realidad política depende de lo que somos como pueblo y es irrelevante el que haya o no una buena Constitución. La verdad es que no. Justamente porque somos una nación desorganizada, poco informada, con tendencias claras de irresponsabilidad política, es preciso construir una norma fundamental, de gran calidad que nos permita avanzar por linderos legales muy bien definidos y que posibilite el desarrollar leyes apropiadas y concordantes con dicha norma fundamental. En la vida es muy importante intentar cuantas veces sean necesarias hasta que algo en lo que estamos empeñados salga bien. Así mismo, la experiencia de muchos fracasos es sustrato esencial para lograr, finalmente, el éxito.
Hoy se plantea eliminar el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social. Expertos han expresado opiniones contrapuestas: eliminarlo vía consulta popular o hacerlo con Asamblea Constituyente bajo la consideración de que se estaría modificando la estructura del Estado. Si acaso habría una Asamblea Constituyente debería ser para, por fin, crear una nueva y verdaderamente buena Constitución que reemplace a la que sirvió de plataforma para el fiasco de la última década y no sólo para reformas puntuales. (O)
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