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El Telégrafo
Valeria Arcos Hervas

Mesas ¿de diálogo?

08 de septiembre de 2022

En aras de generar acuerdos luego del paro nacional de junio del 2022, que duró 18 días; con la mediación de la Iglesia Católica se tomó la decisión de conformar 10 mesas técnicas con la participación de representantes del ejecutivo y de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, CONAIE.

Las temáticas a abordar son: Moratoria de deudas del sistema financiero, subsidio a los combustibles, fomento productivo, empleo y derechos laborales, energía y recursos naturales, derechos colectivos y educación superior, protección e inversiones nacionales, control de precios, acceso a la salud y seguridad.

Desde el pasado 13 de julio inició el plazo de 90 días para tratar los puntos incluidos en el acuerdo de paz y ya con la mitad del camino recorrido, solamente se ha logrado convenir los términos de la condonación de deudas de la banca pública y privada hasta por USD 10.000.

Indudablemente, uno de los temas que representa mayor algidez es el subsidio de los combustibles, sobre el cual no se ha logrado aún establecer el mecanismo para la focalización y que además se contrapone con la demanda de frenar el avance de la explotación petrolera en Ecuador.

Temas esenciales como el fomento productivo, empleo, salud y seguridad, siendo este último un tema que demanda atención prioritaria, no cuentan aún con mesas instaladas para su abordaje.

Ahora cabe reflexionar sobre dos preguntas esenciales: ¿por qué no ha existido el avance esperado? y ¿es posible llegar a los 90 días con respuestas satisfactorias? Estas preguntas retóricas no hablan únicamente de tener resultados para las partes involucradas directamente en las mesas, sino respuestas para un país que vive bajo la espada de Damocles.

La metodología aplicada no solamente debe orientarse a que lo pasa al interior de las mesas técnicas, sino a la situación en su generalidad. Por un lado, existe una matriz de peticiones que se va analizando en atención a las competencias y limitaciones presupuestarias por parte del ejecutivo, y paralelamente ciertos grupos sociales han llevado la conflictividad a espacios fuera de aquellos instaurados para promover la negociación. Es así que constantemente se están posicionando mensajes de que no hay resultados o avances, mermando la escasa confianza que se tenía en el proceso.

En un proceso de diálogo, las mesas temáticas por principio deberían ser el espacio de institucionalización del conflicto, deslegitimarlas implica que nuevamente las diferencias se trasladarán a las calles y a los territorios, como está sucediendo en la actualidad. Por ello, quienes están al frente de las negociaciones en las diferentes temáticas deben dar muestra de buena fe y voluntad resolutiva.

Por tanto, lejos de celebrar un proceso que ha caminado con varios tropiezos, es esencial darle el giro que necesita para evidenciar que es posible mostrar resultados a un país que está jugando su última carta.

 

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