Manifiesto por los partidos políticos
Resulta fácil denostar a la política y a los políticos. En esta época de descubrimientos cotidianos de trapacerías infames en las que participan asambleístas, alcaldes y otros que pertenecen a la vida política nacional, surge, en forma natural, el repudio a la clase política. La política, no obstante, es indispensable en la vida de un país. Se gobierna, mal o bien, con políticos; se elige, mal o bien, a políticos; nos representan, mal o bien, políticos. No existe fórmula de vida democrática sin políticos. Por ende, hay que mejorar a la política, hay que mejorar a los políticos.
Se ha aseverado que las ideologías han desaparecido y que la política debe ser práctica, efectiva, de soluciones. El pragmatismo sobre la ideología. Sin embargo, los seres humanos tenemos una visión propia del mundo y de las relaciones interpersonales, de la relación entre el Estado y el ciudadano, de los modos de producción, de los niveles de imposición y gravámenes, de los modelos de educación, de los sistemas de salud, de la relación entre los derechos individuales y colectivos, de la relación entre el capital y el trabajo. El conjunto de estas visiones representa la ideología y, seamos militantes políticos o no, nos alineamos con alguna postura en particular.
Los partidos están para representar una ideología o un pensamiento político que recoja las antedichas visiones y las presente en forma de postulados factibles a base de construir una organización nacional en la que se forme, estructuradamente, a los futuros líderes y actores de las distintas jerarquías del ejercicio del poder, desde las juntas parroquiales hasta la Presidencia de la República. Solamente cuando tengamos pocos partidos políticos habrá una formación competitiva de liderazgos internos que posteriormente tendrían trascendencia nacional y se evitará la presencia de ex futbolistas y faranduleros como candidatos.
El Código de la Democracia, esperpento del correato, que permitió que tengamos casi trescientas organizaciones políticas, debe desaparecer. Se impone, una Ley de Partidos Políticos y de Elecciones para enrumbar la vida política nacional, asegurando fórmulas que impidan que haya más de diez partidos políticos, todos ellos serios, estructurados, con ideologías y planes. La buena política se construye con buenos partidos políticos. (O)
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