El país que vemos con una fuente de canguil
Empiezan a bailar en TikTok, empiezan a jugar vóley. Esto último es más de “pueblo”. Empiezan a tomarse fotos con la esposa, con la familia. La familia es lo más importante-dicen. Empiezan a salir a la madrugada, buscan a los barrenderos para tomarse una foto recogiendo la basura que amontonarán para la foto que subirán a Instagram diciendo “Con los más débiles” o “Por ellos, cualquier sacrificio”. Empiezan a mostrar que tienen una mascota, empiezan a ser más públicos con los animales. De hecho, en campaña electoral es el único momento, donde particularmente creo, que la mascota le saca a pasear a su dueño. Aprovechen dignos perros, es su momento. Empiezan a visitar los mercados, a pedirse un almuerzo para decir “Aquí junto al pueblo”. Usted se preguntará ¿Para qué? Para vender, pero sobre todo para políticamente entretener.
Política y entretenimiento, politainment, hace mucho que no se separan, puesto que actualmente todo político requiere una narrativa dramática, entretenida y vendedora para presentar las ideas injustas que combate y el sacrifico perenne y heroico con lo que lo hace. Este teatro puesto en escena es parte de lo que Guy Debord llamaría la "sociedad del espectáculo”.
La pregunta es ¿Cómo romper esa sociedad del espectáculo respecto la política? Pues dejando de comprar la entrada a ver la política más grotesca, baja, banal y superficial que nos quieren brindar. Entendiendo que bailar un TikTok no es difundir una idea para mejorar una ciudad. Abrazar un perro, no te convierte en animalista. Hacer deporte para un video, no es construir un plan de trabajo serio. Manejar una bicicleta, no significa que entiendas de movilidad sostenible. Subir una foto o video apelando a la sensibilidad, forzando la lágrima para causar empatía ciudadana, no te hace un mejor candidato, ni te muestra más competente, y sin duda alguna no te valida como un mejor ser humano.
¿Cómo romper esa sociedad del espectáculo respecto la política? Rechazando los partidos de alquiler, los partidos de tienda, los movimientos que un día son rojos y se disfrazan del “CHE”, pero mañana le auspician a cualquier “facho”. Los movimientos que un día son de derechas y pro mercado, y al día siguiente le auspician a los que les decían “aburguesados”. Un partido de alquiler no es un partido político.
¿Cómo romper esa sociedad del espectáculo respecto la política? Buscando tal vez como sociedad apartarnos del ruido, apagar la televisión, cerrar las redes sociales respecto la política, para preguntarnos ¿Qué tipo de sociedad queremos? ¿Qué tipo de ciudadano quiero ser para sumar a esa sociedad? Y buscar esas respuestas.
Hasta que no decidamos pensar y actuar por sí mismos, y sigamos comprando canguil para ver lo que pasa en el espectáculo de la campaña electoral, no nos daremos cuenta que el teatro político se prolonga y el país está con el riesgo de no volverse a recuperar.
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