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El Telégrafo
Xavier Guerrero Pérez

Carta abierta para Marcela Aguiñaga

15 de mayo de 2023

Llegó el día uno (1). A primera hora de hoy, lunes 15 de mayo de 2023, usted asume la administración de la provincia del Guayas; su primer día hábil como autoridad en funciones. La expresión que viene a continuación es: Y ahora, ¿qué? Para satisfacer tal expresión, hay que partir del rol del gran elector; a saber:

En la actualidad, las y los gobernantes han tomado un nuevo rol: mayormente involucrados en la gestión de su representante, indistintamente del nivel de gobierno que se trate (estatal o local). Una buena parte de la ciudadanía espera cada vez más de la persona que eligieron en las urnas. La satisfacción va más allá del cumplimiento de la oferta de campaña electoral.

El trabajo para cristalizar lo ofrecido son “los mínimos”. “Los máximos” están: a) en la capacidad de respuesta que tenga la autoridad electa ante hechos de fuerza mayor (como una crisis sanitaria, o un desastre natural); b) en la reacción (y no de tolerancia o de permisividad dado que “es pana”) de la autoridad electa frente a posibles casos de corrupción (inevitables, dado que es imposible que la máxima autoridad, aunque desee, pueda tener control sobre las acciones u omisiones de las demás personas, debido a que el factor denominado ‘racionalidad’ está presente en cada ser humano y el mismo no funciona bajo la lógica binaria de “unos” y “ceros’, es decir: “se hace” o “no se hace”); c) en la inclinación de la autoridad electa para mitigar y hasta en prevenir las eventuales desviaciones en el accionar -o por la omisión- de alguna persona que sea parte de la burocracia de la institución, al punto de adoptar buenas prácticas sobre atención al ciudadano de calidad y con calidez, de anticorrupción y antisoborno en el aparataje público, amparadas bajo los altos cánones de lo que significa trato digno, de la ética, del debido proceso y del respeto absoluto a los Derechos Humanos; y, d) en el nivel de apertura y acceso que ofrezca la autoridad electa, siendo visto aquello en los canales de atención disponibles, principalmente el “cara a cara”, evitando fijar vías tediosas, de dilatación del tiempo, o inclusive la clásica: “la asistente, de la asistente, de la asistente”, sino más bien, como dijo cierta autoridad seccional (hoy en su casa): “Yo te atiendo inclusive en la calle, ya que lo que buscas es que te escuche y te resuelva tu problema” (aunque solo fueron palabras, dicho sea de paso).

De ahí que, usted, señora Prefecta, tiene la desafiante tarea de impulsar un modelo de gestión tanto dinámico como funcional exclusivamente en el gran elector. Al respecto, pude escuchar su discurso en el marco de su posesión, la cual se desarrolló a pocos metros del edificio de la Prefectura del Guayas. Signos claros a partir de su intervención y de sus gestos: su entrada con la canción (en modo instrumental) “Patria, tierra sagrada”; su referencia, de forma reiterada, al ser humano, destacando su importancia y consecuentemente subrayando que será parte de la toma de decisiones públicas; su profunda reflexión interna y exteriorizada en su ser al aseverar que lo único que importa de ahora en adelante es lo que usted pueda hacer en pro de generar mayor bienestar, especialmente en el área rural; y, la cercanía que ha venido mostrando con el ciudadano, teniendo empatía y dándose tiempo para sentir lo que atraviesan quienes ‘la están pasando mal’.

Considero que lo que faltaría añadir, a más de lo que usted ya expresó, por ejemplo, en cuanto a su preocupación por el próximo fenómeno de El Niño (y el trabajo que se viene), es el implementar un modelo de gestión ciudadano, participativo, no estático, que otorgue cabida a “todas las voces, todas” y que abrace la herramienta llamada ‘gobernanza’, con el fin de motivar -a los demás niveles de gobierno, incluyendo el estatal- con el ejemplo en cuanto a promover la cultura del respeto y no violencia política y del trabajo en equipo, donde el denominador común es “empujar al país, para salir del subdesarrollo”, dejando de lado “ideologías, simpatías políticas o hasta camaraderías”.

Señora prefecta Marcela, el país, la provincia... la ciudadanía hoy la espera. Y por ello sería estúpido de mi parte seguir restándole tiempo al continuar extendiéndome. De ahí que, deseo cerrar esta columna reproduciendo parte de lo que un militante de la Revolución Ciudadana expresó el día de su posesión a la plataforma Digital Bajo La Lupa: ‘Ella ha cambiado totalmente. Ha socializado un tipo de persona que es inteligente, que tiene cercanía con la ciudadanía, que es humana. La expectativa -que ha producido- es muy alta, y no hay oportunidad para equivocarse’.

En ese sentido, coincido plenamente, dado que lo he comprobado (contesta directamente los mensajes, por dar un ejemplo). Sin embargo, y al ser partidario del trabajo en equipo, su gestión para volver a la Prefectura del Guayas en una ‘Prefectura ciudadana’ (por y para la ciudadanía) tendrá éxito siempre y cuando quienes le acompañen en esta navegación en el sector público a nivel seccional hagan suyo el estilo de liderazgo que ha promocionado y busquen conseguir el mismo objetivo que usted socializó en la campaña electoral: todo en beneficio ciudadano, y de trabajo constante. Señora prefecta, la prima hermana de la humildad y de la muestra de accesibilidad, es la sensatez y la aplicación del principio objetivo del mérito. Hay muchas personas que hoy alzamos la mano con lo único que poseemos: la trayectoria académica y profesional. Al igual que usted, apostamos por nuestro bello país y por nuestra encantadora provincia, pero lo que ha faltado es la oportunidad para sumarse a ese diseño de políticas públicas para sacar al país del subdesarrollo.

Estimo, desde la sindéresis, que es momento de brindar oportunidades a quienes hemos venido (incluso desde la academia) destacando lo que es conveniente y señalando lo que es inconveniente, en razón de que no hay tiempo ni espacio para la improvisación, ni para “aprender”. Usted se ha preparado. Así mismo muchas otras “almitas”. La oportunidad de pasar a la historia dejando un legado está exclusivamente en sus manos, pero pasa por elegir a sus colaboradoras y colaboradores bajo el barómetro del mérito y de la calidez… de la asimilación del humanismo moderno que concibe al ser humano como eje de toda actividad pero que apunta al desarrollo sostenible y a la cultura pro consenso y paz.

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