Mujeres: temas pendientes
Varias instituciones internacionales como las Naciones Unidas y nacionales como gremios profesionales de abogados, médicos y asociaciones de mujeres, han pedido que se revean algunas posiciones y leyes que atentan contra los derechos de las mujeres. Hay que reconocer los progresos en la sociedad ecuatoriana, incluso por el dictamen de leyes, pero hay temas pendientes y los hay, entre otras cosas, porque existen leyes contradictorias y persecutorias. Aún no se resuelven eficientemente asuntos como: violencia de género, desigualdad salarial, acceso libre a los anticonceptivos, incluida la píldora del día después; despenalización del aborto, diagnóstico prenatal, interrupción terapéutica del embarazo, educación sexual científicamente llevada, educación y acciones para la prevención de violaciones.
Nos preguntamos sobre la eficiencia del Plan Familia, que planteó una visión diferente al del antes, Enipla. Nos llama la atención que el Ecuador tenga graves problemas al parecer sin mucho cambio pese a las acciones que se han planificado y ejecutado. Las cifras accesibles muestran 74 mil embarazos de adolescentes, es decir, 2,6% más que en años anteriores; aún hay 20 mil abortos, aún la mortalidad materna por aborto en condiciones deplorables ronda el 0,05%, aún existen 4 mil embarazos de adolescentes (menores de 14 años, léase por violación); aún existen 14 violaciones a mujeres diariamente, aún nace un 2,5% de niños con malformaciones, aún el 70% de madres adolescentes está en la pobreza y más cifras que reflejan violencia contra los derechos de las mujeres.
No se ha escuchado a candidatos o candidatas, ni en la primera ni en la segunda vuelta, hablar de derechos sexuales y reproductivos o de otras problemáticas derivadas de las cifras expuestas. No se ha visto a periodistas preguntar sobre esto. No se encuentra propuesta alguna por parte de asambleístas de mayoría o minoría, que tope las temáticas o pretendan acoger los pedidos de la ONU.
En derechos sexuales y reproductivos hay muchos pendientes. Nadie quiere hablar sobre tales temas. Las militantes sociales y feministas en el poder han callado y la población, en general, también. Parecería ganar la visión moralista y religiosa de la familia tradicional, de la abstinencia, o del no a los anticonceptivos en colegios y de alejamiento de la moderna realidad de la sexualidad humana. Si no enfrentamos abierta y claramente estos asuntos, no habrá acciones valederas, solo retóricas tradicionalistas y antiguas. Quizá en el nuevo Gobierno se reivindiquen los derechos sexuales y reproductivos, hoy adormecidos. (O)
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