Lunes, 20 Marzo 2017 00:00 Cultura

Cultura Siekopai tiene 700 miembros, lengua propia y a un pintor que lleva la Amazonía en sus cuadros

La Amazonía recorre el mundo en la pintura de Ramón Piaguaje

El maestro Eduardo Acosta explica a sus alumnos, de la Escuela Particular Valdivia, quienes cursan el sexto año de básica, una pintura de Ramón Piaguaje.
El maestro Eduardo Acosta explica a sus alumnos, de la Escuela Particular Valdivia, quienes cursan el sexto año de básica, una pintura de Ramón Piaguaje. Foto: Miguel Jiménez / EL TELÉGRAFO

Hijo de un cacique secoya, el artista retrata el entorno de su comunidad. La exposición más reciente de este pintor se podrá ver en Quito hasta el 22 de abril.

Redacción Cultura

La voz de Ramón Piaguaje resuena en el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE) una mañana en que la luz del sol ha vuelto a colarse entre las nubes grisáceas de Quito. El artista saluda efusivamente a un grupo de estudiantes de primaria y recuerda que son su público preferido, “por su sencillez”, sonríe Ramón, quien lleva un collar de su nacionalidad, la siekopai (secoya), y que fue un obsequio de su madre.

Once alumnos del sexto año de básica de la Escuela Valdivia llegaron desde Pomasqui, para ver la muestra Amazonía que se inauguró el pasado 9 de marzo. Los chicos reparan en los detalles, les llaman la atención porque el efecto del óleo sobre el lienzo crea una ilusión tridimensional para quien las mira. Una parte de la muestra —que se conformó con las obras de coleccionistas particulares y otras del artista— estuvo en Tokyo, Japón y en Shanghái, China, donde apenas tuvo tiempo de inaugurar la muestra, pero sí pintó unos árboles y picos montañosos en un cuadro que donó al Museo de Shanghái, el cual visitó del 1 al 23 de mayo con la exposición Amazonía Eterna.

Cofanes, tsáchilas y waoranis tienen idiomas particulares, los cuales pueblan los paisajes que retrata Piaguaje. Su lengua es la siekopai, en la que el vocablo je’jeke —de pronunciación cadenciosa y casi gutural— designa a los pintores, como Ramón, quien ejerce el oficio desde la infancia. En la sala más grande del Centro Cultural recuerda que, en la escuela, cuando tenía la edad de sus espectadores de Pomasqui, trataba de destacar en las clases de dibujo. A los 20 años, Piaguaje ya sabía manejar los pinceles, pero recién empezaba a admirar obras universales y a inclinarse en el óleo sobre lienzo, la técnica que se convirtió en la única que utiliza. Nunca se apegó demasiado a la acuarela ni al lápiz.

La selva de la comunidad Puerto Bolívar, en el Parque Nacional Cuyabeno, alberga los primeros escenarios que inspiraron a Ramón Piaguaje, quien cumplió 55 años en enero y tiene un taller en El Inca, al norte de Quito.

El escritor y crítico de arte Marco Antonio Rodríguez le dijo un día a Piaguaje que iban a escribir un libro ilustrado “para que no se apague su obra”, el título es Ramón Piaguaje. El artista que llevó su Amazonía por el mundo y se puede encontrar en la muestra. “Una buena tarde le pregunté si le asfixiaba Quito —escribió Rodríguez— [...], ‘cuando naces y vives en la selva aprendes a estar solo’, me espetó. No supe cómo disimular mi turbación, mientras Ramón reía de buena gana. Ramón es sabio”. Esa sabiduría lo ha llevado a que lo llamen “maestro del detalle”.

La mañana del pasado viernes, un grupo de jubilados también visitó la muestra. El asombro que genera la estética de Piaguaje es multigeneracional y la transmite a 6 sus hijos, quienes ya pintan con lápiz.

Ecologista y autodidacta

Ramón Piaguaje lleva el título honorífico de único artista de la “llanura Amazónica de América” y su obra es reconocible en varios continentes.

“Ante la obra plástica de este artista —reseñó Rodríguez—, viene a mi memoria la expresión de Alain sobre la música: ‘La música es siempre cósmica. Traduce todo el universo como en esas danzas antiguas, que representan las estaciones y los itinerarios celestes’. En la obra de Piaguaje están las estaciones de la mañana y del ocaso, más allá de sus significados literales, sucediéndose como una liturgia honda, abisal. Y también están las peregrinaciones celestes y terrestres, los rastros del fuego, del aire y del agua, las huellas en la tierra de seres humanos, animales y plantas. Oración e himno a la vida: el arte de Ramón Piaguaje, el artista que llevó, la Amazonía por el mundo”.

La voz del artista es ronca, como la de un líder comunal que con su grito convoca a los suyos a la plaza pública de las reflexiones. La voz es el óleo; el soporte, el lienzo y su comunidad, el planeta.

Después de conversar con Gaby Paz, una de las curadoras de la exposición, Piaguaje viajó a San Pablo, cerca del río Sushufindi —cuyas aguas aparecen de forma recurrente en sus paisajes—, en la provincia de Sucumbíos. Allí, se da tiempo para dejar un rato los pinceles y pescar bagres y pirañas, sobre todo. Ramón es un pescador a quien la contaminación en el Oriente le preocupa. “Hay tuberías de petróleo envejecidas que, a veces, provocan derrames que aunque son controlados enseguida, dañan el paisaje del río, de repente”.

Los 6 hijos de Piaguaje serán los siguientes pintores de un frágil paisaje. (F)

Matilde Piaguaje, la madre del artista, falleció el pasado 22 de enero. La mujer de la nacionalidad siekopai fue su guía y le heredó el collar que lleva siempre. Foto: Luis Fernando Fonseca / EL TELÉGRAFO

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