“Las intervenciones eran claves y manifiestas en la región”

07 de mayo de 2013 - 00:00

04-05-13-actualdiad-COMISION-DE-ANGOSTURACon una mirada retrospectiva del ambiente que se vivía en el país en la década del 70, Francisco Huerta Montalvo revela detalles de la agitación política y social que afrontó el país y que le llevó, tras varias protestas, a la cárcel. Además considera que la información de los WikiLeaks es la confirmación de lo que se conocía en esa época, pero no había la versión documentada de los mismos hechos.   

Huerta inició su activa e intensa vida política desde la secundaria y durante los años setenta estuvo muy marcado por su oposición a esos regímenes. Como dirigente universitario se autocalificaba de radical y se lo consideraba de izquierda, pero a los ojos de los dictadores estaba casi del lado del comunismo internacional.

¿Cómo se concebía la política en la década del 70?
Eran otras formas de hacer política porque ésta tenía un fuerte contenido ideológico y una dictadura era todo lo contrario a lo que sosteníamos en nuestros ideales. Siendo liberales radicales de vocación alfarista, acabábamos de hacer una alianza con CFP, ganamos la alcaldía, llegó la dictadura de Velasco Ibarra (1970) y ahí vino una tensión con Assad Bucaram porque él se quedó callado.

¿A qué se debió ese silencio?
Él no quiso hacer mayores comentarios y ahí están las razones (según los cables de WikiLeaks):  tenía miedo de que lo sacasen del país porque aspiraba a ser candidato presidencial. Luego vino la dictadura de Rodríguez Lara que botó a Velasco Ibarra e hicimos (los liberales) un pequeño paréntesis, pero al poco tiempo nos dimos cuenta de por dónde iba la cosa y comenzamos a hacer oposición a la dictadura militar.

¿A qué se debió ese paréntesis?
La dictadura se llamaba gobierno nacionalista revolucionario, queríamos saber de qué se trataba; había la esperanza de que fuera otra Revolución Juliana.  

¿Qué provocó la dictadura militar?
La dictadura de Rodríguez Lara se produjo básicamente para manejar el petróleo y para impedir que  (Assad) Bucaram fuera presidente, porque si había elecciones Bucaram las ganaba y habría barrido.

¿Qué hechos marcaron esas dictaduras?
Las violaciones a los derechos humanos se hicieron frecuentes; en lo personal fue durísimo porque en la dictadura de Velasco Ibarra, con prisión tras prisión, me tocó tomar la decisión de exiliarme. Me metí en la Embajada de Uruaguay en Quito y me fui para Costa Rica (1970). A mi regreso estaba Pedro Menéndez de gobernador, pero seguí peleando y luego vino la dictadura militar. Seguimos luchando hasta que me confinaron a la selva amazónica.

¿Por qué fue detenido?
Nosotros salíamos a la calle todo el tiempo porque habían manifestaciones; según el WikiLeaks, veo que me acusan de haber organizado manifestaciones de estudiantes; eso es falso porque más bien propiciaba que salieran los universitarios, pero no me hacía responsable de los de la FESE; no quería que a partir de un esfuerzo organizado por mí hubiese  algún estudiante muerto.

¿En qué circunstancias fue detenido?
Me fueron a ver a la casa, vivía en Pedro Moncayo y Luque (centro de Guayaquil), cerca del parque Centenario. Yo llegaba de alguna actividad al mediodía y me dijeron que el contralmirante (Renán) Olmedo, entonces gobernador del Guayas, quería verme.

¿Había una orden de detención?
En ese tiempo no mostraban nada y uno no preguntaba nada tampoco. Eran agentes vestidos de civil, que me llevaron a un sitio (no recuerda). Allí me tuvieron, luego me llevaron en un avión a Quito y de ahí a Shell (Pastaza). Luego, en una canoa, me condujeron a un campamento militar que resultó ser Lorocachi. Después estuve en los destacamentos Soldado Monge y finalmente en Curaray.

¿Qué tiempo les tomó llevárselo al Oriente?
Todo eso fue en 48 horas y para anécdota recuerdo que un oficial tuvo la gentileza de prestarme un libro de Mario Puzo que se llama la Arena sucia. Después  mi esposa me mandó una caja de libros, pero esos no me los entregaron.

¿Cómo fue su vida durante el confinamiento?
Para mí la mayor inquietud era saber qué estaba pasando con mi familia, porque el aislamiento es absoluto, pero los militares tuvieron la gentileza de mantenerme en  una de las casas de los oficiales, aislado con acceso a la biblioteca, entonces aprovechaba mis  conocimientos de médico para atender pacientes cuando  no iba el doctor militar que venía el fin de semana y a veces no llegaba.

¿Cuánto tiempo estuvo confinado?
Sumado todo estuve como tres meses.

¿Estados Unidos vigilaba la situación del país?
Bueno, ese es el rol de todas las embajadas. Cuando fui embajador en Venezuela (1994)  tenía que informar a mi gobierno lo que pasaba. Es parte de la labor de un diplomático también.

¿Había una práctica habitual de la Embajada de Estados Unidos en participar activamente durante la dictadura?
Se presume. Yo no tenía contacto alguno con la Embajada porque  no era uno de sus amigos, era más bien sospechoso de ser demasiado izquierdista para el gusto de la embajada de la época.

¿Qué pasó con el manejo económico durante la era petrolera?  
Fue una posibilidad hermosa de hacer lo que se planteaba teóricamente, de sembrar el petróleo con la experiencia de Venezuela. Recuerdo que se produjo un gran desarrollo industrial, especialmente con las leyes de fomento, pero luego se agotaron las divisas del petróleo y no quedó nada sembrado.

¿Por qué se agotaron?
Porque bajó el precio del crudo y ya no fue igual. La situación del país en ese entonces era parte de la tragedia nacional de siempre, donde entre las promesas y la expectativas había grandes distancias.

¿Era muy estrecha la relación de Estados Unidos con la dictadura de Rodríguez Lara, como señalan los cables de WikiLeaks que El Telégrafo ha publicado estas semanas?
Da la impresión de que sí. En esa época regía en Estados Unidos la doctrina de que no importa de qué color es el gato con tal de que sea anticomunista, así como decían de los chinos. Las intervenciones eran claves y manifiestas en la región, como lo fue en Chile. Eso fue abiertamente, como ya se lo ha reconocido.

¿Y aquí en Ecuador?
Yo pienso que no todos los militares habrían estado dispuestos a tolerarla, de lo que vemos en los WikiLeaks. Había una política norteamericana de hacer favores para tener una vinculación o simpatía. Los militares ecuatorianos habían sido formados en las viejas academias de predominio norteamericano, entonces tenían oficiales de las Fuerzas Armadas de ese país y ecuatorianos amigos.

¿Hubo alguna vez un momento de tensión con Estados Unidos?
La mayor tensión estuvo vinculada con la Guerra del Atún, en la que Ecuador reclamaba soberanía en las 200 millas marinas. Se acabó cuando se declaró una nueva manera de entender esa soberanía marítima.

¿Ecuador cedió?
Presumo que tuvo que haber alguna concesión, como dijo Simón Bolívar: una vez sellado el pacto con el fuerte, es eterna la obligación del débil.

¿Cuál fue la concesión?
No sabría decirlo. Yo no era parte del Gobierno sino del lado contrario.

Los cables de WikiLeaks revelan lo que ocurría en el país, desde los ojos de la Embajada de Estados Unidos...
Los WikiLeaks están registrando lo que se sabía, pero  no había certeza documentada, era un secreto a voces, pero ahora ya hay certezas, ahora usted abre los documentos de las embajadas y encontrará lo mismo. Hasta allí no veo nada anormal, salvo la confirmación de los hechos que el embajador informa  que estaban pasando.

¿Eso estaba bien?
Era normal y está bien ahora;  con quién conversa, quién le cuenta y qué le cuenta es cuestión de quién se presta. No podemos exagerar porque es lo normal en el mundo diplomático. El Embajador está para servir los intereses de su país y contar lo que está pasando en el sitio donde tiene la sede.

¿Cómo fue la dictadura militar ecuatoriana comparada con la de otros países de la región?
Aquí se dijo que había una “dictablanda” en relación con las otras dictaduras, lo que pasa es que muchos que la calificaban como tal no se atrevieron a fajarse contra ellos, por el simple miedo y por evitar  represalias.

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