Hijos del estero

- 09 de octubre de 2020 - 00:00
Cortesía

Feliz día, Guayaquil de mis amores.

A finales del 2019 volví a tener un departamento en Guayaquil, después de cinco años de ausencia. Iba y venía siempre, quedándome en la casa Cino Fabiani, donde mi hermano Arnaldo Gálvez.  Regresé extasiado a entregarme a todos sus placeres, pero como de costumbre, ella tenía otros planes.  Feliz día, Guayaquil de mis amores.

Después de un lustro de frío
regresé a tu reino de concreto
al dulce aroma del orín de tus veredas
a la placidez de tus mañanas nubladas
y tus tardes infernales
a ver esos jeans blancos que iluminan tus noches
junto a ese hielo que te muerde con el whisky
para la mañana siguiente regar amor junto a un ceviche
pero llegué a los picos de marzo y de abril
a llorar lágrimas de sangre
junto a hogueras de llanto y el trinar de dientes

extrañaba el verbo rápido
la respuesta inmediata, la solución sencilla
la radiografía certera, la verdad inequívoca
el diagnóstico incisivo, la receta del espíritu
el plato preciso, el verbo indomable
la pitadera ensordecedora bajo la luz de las dos de la tarde
el pago en efectivo, la plata en la mano
pero sobre todo y más que todo
al sentimiento genuino de tu calor invencible

esta es mi oda para ti maldito seas, pueblo implacable
de seres brutales
de aquí somos los que tumbamos las rejas
cuando tocaron los ilegales
los que les brindamos al mundo a Julio
los que convertimos la albacora en arte
los creadores originales de la bandera
los que besamos a nuestros hijos en piscinas de plástico
sobre veredas hirvientes
somos los que creemos que la vida solo está en la calle
nosotros somos nosotros

somos los que matamos por amor y por celos
los que comisionamos por medicinas
los que votamos por rateros de circo y telenovela
los que no amamos a quienes juzgamos distintos
pero son los únicos que saben y saben a algo
y les pagamos lo menos posible
para después observarlos con terror
mientras escalan los muros

aquí una mano lava la otra
y si no la lava, nos vamos a Miami
porque si la plata está afuera no hay quien nos agarre
somos los que le pagamos a fiscales y jueces
porque si no, no rueda la vaina
nuestros dioses son el sexo y la plata
pero así y todo te amo, como abuelita a su nieto asesino

eres todos los que se han ido y los que vendrán
eres una actitud ante la vida y una resolución ante la muerte
eres amanecer y ocaso
de aquí me sacan con los pies por delante
eres mi amor y mi dolor para siempre
eres las cinco esquinas con Fegan y Eduardo alias la bandera
eres filosofía criolla envuelta en volutas de mango y de chola
eres mi único ídolo y ya llevamos 200 años
envueltos en la tarea infinita
de ser cada vez más nosotros mismos
porque como todo guayaco en su alma sabe
venimos del estero
esa alma silente
génesis de todo lo propio, otrora cristalino
desde la orilla lo miras fijo
verás que llora pausado
porque es nuestra alma y está secuestrado

¿quién puede aspirar al amor mientras se caga en su alma?
el día menos pensado saca su propio virus
cocido de nuestras propias heces, plásticos y metales pesados
y nos mata a todos en media hora
o se aprovecha de un aguacero cruzado con marea tope
y nos ahoga como a perros en tsunami

su agua salobre
es la sangre que corre por nuestras venas
sus ramales incrustados en los barrios
nuestras arterias primordiales
la aorta la Trini
la carótida el suburbio
la femoral Urdesa

creemos en dioses que no vemos
teniéndote a ti que nos abrazas del cuello
volveremos a amarte con el respeto
del amanecer de los tiempos
o moriremos en el intento
Deidad única, real, irremplazable
somos para siempre
hijos del Estero.

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