Mientras Adele ha asegurado que en sus próximos discos ya no le cantara más a las tragedias amorosas y el desamor, Norah Jones prefiere irse por esa línea lírica en su quinto álbum “Little broken hearts”.
En este material que en esencia romántico y cuenta con aparentes toques de optimismo, Jones regala entre notas delicadas que emergen de la garganta de la neoyorquina algunos atisbos de resignación poco saludable, de la que esconde un secreto y asusta.
El álbum con el que Jones se reinventa se aleja de sus anteriores cinco trabajos y su voz suave, casada con el pop-jazz, en este se arriesga a sonidos más eclécticos que, sin salirse del todo de su línea -aunque se acercan más al pop-, le otorgan un halo de modernidad que confluye muy bien con su estilo bohemio.
Y quizás aquello se deba a que en este material la cantante nacida hace 33 años, en Nueva York, tuvo como productor Danger Mouse, quien consolidara al grupo Gorillaz en la escena musical gracias a su participación en su segundo disco “Demon Days”; The Black Keys y Gnarls Barkley.
Anteriormente habían trabajo juntos, luego de que en 2008 Mouse contactara a Norah para que pusiera su voz en Rome, un homenaje a la música del cine clásico italiano.
El disco de 12 canciones lo componen “She’s 22”, “4 Broken Hearts”, Good Morning”, “Miriam” y “Say Goodbye”, en las que su registro de voz hace recordar a bandas británicas de tecno-pop de la década del 80. “Little broken hearts” ya se encuentra disponible en iTunes.
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