Marea verde de libertad

Ecuador sigue intentándolo y posee su propio periplo en búsqueda de la despenalización del aborto, entendiéndolo como una lucha que sin tregua inició en la discusión sobre el Código Integral de Salud en el año 2004.
07 de febrero de 2021 05:00
Manuel Cabrera / El Telégrafo
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Escribir sobre el aborto es hablar de historia; escribir sobre el aborto es irrumpir en esa historia para hablar de libertad, esquivando la salobre imagen que quieren imponer en este tema trascendental para reducirlo a una moda de turno. Y es que, “somos volcanes. Cuando nosotras las mujeres ofrecemos nuestra experiencia como nuestra verdad, como la verdad humana, cambian todos los mapas. Aparecen nuevas montañas” , mencionar la legalización del aborto en Argentina responde a ese contexto, como un esbozo inspiracional y transformativo, donde los colectivos de mujeres diversas, delimitaron una serie de factores y componentes políticos que pudieron incorporar en la demanda de la interrupción voluntaria del embarazo (IVE), tras haber presentado por séptima vez al Congreso el proyecto; dando como resultado que el fruto de esa articulación perseverante; el Senado en la madrugada del 30 de diciembre del 2020, aprobó la legalización del aborto hasta la semana 14 por 38 votos a favor, 29 en contra y una abstención. Con ello se han conquistado derechos históricamente negados desde 1921.

Ecuador sigue intentándolo y posee su propio periplo en búsqueda de la despenalización del aborto, entendiéndolo como una lucha que sin tregua inició en la discusión sobre el Código Integral de Salud en el año 2004, el debate constitucional del año 2007, incluso en la discusión previo a la publicación del Código Orgánico Penal Integral (COIP) desde 2009 hasta 2013, así como el proyecto de reformas a éste ultimo donde también fue propuesto en el 2019. Es por ello, que la constancia de la articulación de las mujeres diversas que interseccionalmente apuntan a visibilizar un sistema de producción, reproducción de desigualdades y lesiones en detrimento del reconocimiento y vigencia de los derechos humanos; ha sido sustancial para robustecer los discursos y narrativas que se circunscriben en esta voluntad infranqueable por separar ese dogma interiorizado sobre nuestros cuerpos y su existencia en el mundo. 

(1) Le Guin, Úrsula. En Ruiz Navarro, Catalina. “Las mujeres que luchan se encuentran”. Grijalbo. Colombia.

Siendo que uno de los mayores propósitos es desmitificar esa homologación con la naturaleza, como lo aborda Franca Basaglia, al establecer que “si la mujer es naturaleza, su historia es la historia de su cuerpo, pero un cuerpo del cual ella no es dueña porque sólo existe como objeto para otros o en función de otros, y en torno al cual se centra una vida que es la historia de una expropiación” ; desde aquí podemos entender que todas aquellas voces que se levantan lo hacen en contra de la clandestinidad; de las cifras espeluznantes alrededor de un país extremadamente violento; de los 51.711 nacidos vivos de “mujeres adolescentes” de los cuales 1.816 son de niñas de 10 a 14 años acorde al INEC; del silencio institucional por parte del sistema de salud que aún con la Norma Técnica de Atención Integral en Violencia de Género, es incapaz de denunciar como la geografía corporal de esas niñas han sido atacadas, violentadas, desposeídas y vulneradas sexualmente donde el embarazo es una cruel consecuencia, no una decisión. Ante lo cual vemos muchas de esas historias en total orfandad de alegrías, rumiando el recuerdo de una niñez arrebatada, de una clase política ausente, analfabeta e incluso voluntariamente indiferente; también lo hacemos por apropiación de un horizonte común donde escribamos desde la soberanía de nuestros cuerpos una historia de elecciones, de libertades, de acciones por reconfigurar los estereotipos que históricamente pesan en nuestros úteros por cuanto “dar la vida sólo puede ser un proyecto humano basado en la libertad” y por ella, nos mantenemos fuertes, poderosas, organizadas, alertas y combativas por defenderla.

Defenderla, sí, de los abyectos argumentos que la reducen, que la trivializan, que la caricaturizan; que como miseria inyectable hacen elogio de una indiferencia absoluta, retratando la intención de deslegitimarla; muestra de ello: el 04 de febrero, el ex Presidente Ec. Rafael Correa, en una entrevista aduce la existencia del “aborto hedonista”, como resultado de una “actividad frenética sexual”; los garfios que ensartan esas afirmaciones invisibilizan las cifras, la mortalidad, la tortura. Ratifican el hondo abandono, la distancia y la perversa inacción. Articularnos es resistir, derrumbar esos diques de ortodoxas masculinidades, de machismo legendario y esas culpas unidireccionales que se instalan en los recovecos de una historia mal contada. El aborto es un tema de justicia social y salud pública, será ley porque las niñas no deben ser madres y porque nuestro cuerpo no es un territorio de disputa de tus creencias personales. (O) 

(2) Basaglia, Franca en Lagarde Marcela Cautiverios de las Mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas. Universidad Nacional Autónoma de México, 1990.

(3) Amorós, Celia. “Hacia una Crítica de la Razón Patriarcal Ediciones Anthropos. Barcelona, España, 1991.

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