SORORIDAD

Los versus del feminismo

El patriarcado ama regularnos y fiscalizarnos todo: la forma de vivir nuestra sexualidad, las formas de protestar y exigir nuestros derechos, e incluso cómo y con quién discutimos.
04 de octubre de 2020 00:00

En cada charla, texto o foro feminista, usted encontrará siempre la misma premisa: "Diverso es el feminismo como diversas somos las mujeres". En lo personal, no me canso de repetir esta frase en cuanto tengo la oportunidad, porque es importantísimo recordarle a la audiencia que esta lucha tiene diferentes frentes, amplias discusiones y varias posturas. Que somos un movimiento político y social. Que no somos una secta, ni un culto. Que tenemos diferentes historias y motivaciones. 

Este recordatorio no es suficiente en redes sociales, porque en cuanto dos mujeres que militan dentro del feminismo empiezan a discutir, el patriarcado hace canguil y empieza a repetir su mentira favorita: La peor enemiga de una mujer es otra mujer. Esta mentira que nos repiten desde niñas y que lastimosamente, en algún punto lo llegamos a creer. Esta mentira que repiten justamente los hombres que por no ponerse de acuerdo en temas se han lanzado ceniceros en congresos, que se asesinan después de un partido de fútbol por tener la camiseta del equipo contrario, que han matado a toda su familia porque se enteraron que su esposa le era infiel con otro hombre, y que han llevado a la guerra al mundo entero. Pero que repiten a viva voz que las acérrimas enemigas de las mujeres somos nosotras mismas.

Es revelador, además, leer cómo nos ‘llaman la atención’ algunos proclamados aliados del movimiento, por una pelea entre dos mujeres. Estos hombres realmente se molestan e incomodan. Es una locura, pero no sorprende. Es que el patriarcado ama regularnos y fiscalizarnos todo: la forma de vivir nuestra sexualidad, las formas de protestar y exigir nuestros derechos, e incluso cómo y con quién discutimos. Porque adoran recordarnos lo ‘poco estratégicas’ que somos, porque incluso en su ‘alianza’ y ‘compañerismo’ les cuesta quedarse al margen en temas donde sus lecciones de vida respecto a las peleas no fueron solicitadas.

No existe un único y verdadero feminismo, no hay un manual, no se pone en altar a ninguna feminista porque estamos conscientes que es un camino de deconstrucción constante, y es necesario recordar que nadie es mejor o peor feminista por militar en alguna corriente específica. Los debates son necesarios. Leer y escuchar las posturas de las compañeras es parte del camino. Ahora, mucho ojo a esto, entender que este movimiento es diverso NO es excusa para que no se respeten las bases de lo que nos mueve a buscar una sociedad más justa, lo dijo bell hooks (escritora feminista que  decidió siempre colocar su nombre en minúscula para no tentar al ego): el feminismo es anticlasista, antirracista, y antihomófobo. Si no cumple esos tres principios básicos, están militando en cualquier otra cosa menos en el feminismo.

El peor enemigo de una mujer es el patriarcado. El patriarcado es que el deja las cifras de violencia y muerte. El patriarcado es el que celebra las peleas de las mujeres porque aman vernos dispersas. El patriarcado es el que por siglos nos invitó a competir para distraernos mientras ellos hacían las reglas. El patriarcado es el que decide gobernar sobre nuestros cuerpos. El patriarcado es el que escucha a la Iglesia, pero nunca a nosotras. El patriarcado es el que ha pretendido contar la historia del feminismo a su antojo y lo ha narrado desde su lugar de poder.

Las mujeres estamos en todo nuestro derecho de pelear, discutir y debatir con quién se nos dé la gana, de la forma en la que queramos, como ellos lo han hecho por años. No es obligación estar de acuerdo con todas las compañeras, con todas las posturas, y con todas sus acciones. Venimos de diferentes contextos sociales, económicos y políticos y nos une el respeto a las libertades de todas y el deseo de lucha por la reivindicación y conquista de nuestros derechos.

Dos elementos hacen eficiente y grandioso al feminismo: la interseccionalidad y la sororidad. El primero que me invita a revisar mis privilegios y espacios y el segundo que me recuerda que estamos jugando del mismo lado de la cancha. La sororidad como apuesta política y compleja que me insiste que debo responder a tu idea, argumento o acción sin meterme en tu vida personal o con tu moral. La sororidad no es ñañería, ni excusa para solapar la ineptitud de otras, es el respeto íntegro entre nosotras que al patriarcado le fastidia, porque ellos no cuentan con este recurso maravilloso.

Continuemos discutiendo entre feministas y con las que no se consideran feministas, con los aliados y los sanos hijos de patriarcado, que nadie nos detenga, ni nos venga a fiscalizar el debate. Cuidémonos de no hacerle juego al machismo en el camino, y si queremos invitemos a conversar a otras mujeres, porque si bien muchas argumentan desde el odio, otra parte lo hace desde el profundo desconocimiento.

Un abrazo sororo a quienes no se sienten representadas por el feminismo, somos un montón y las estamos esperando, no se preocupen que para ustedes siempre hay espacio, y es cuestión de tiempo.

La sororidad debe ser nuestro pacto político porque al final del día a las mujeres de izquierda, de derecha, de centro, libertarias, blancas, negras, mestizas, indígenas, y de cualquier clase social, el patriarcado nos sigue acosando, violando, asesinando y vulnerando derechos. Nunca vamos a pensar igual que la otra. Nunca. Pero nuestros versus se vuelven tan pequeños cuando regresamos a ver con empatía el espacio político de la otra. Esto es juntas, incluso en el disenso, esto es juntas porque es la única forma de tumbarlo.

Una vez más, lo firmo: SE VA A CAER. (O)




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