Especial coronavirus

La ventilación de los espacios cerrados reduce el contagio

Los expertos señalan que la circulación del aire propicia ambientes más sanos. Recomiendan abrir las ventanas de oficinas y buses para frenar la transmisión del covid-19 y no usar ventilador.
14 de julio de 2020 00:00

El mensaje de un grupo de 239 científicos a la OMS de que debería considerarse la transmisión aérea del coronavirus, puso en ascuas a la humanidad en la actual pandemia que la azota.

Según explican los avezados, el virus se propaga a través del aire a partir de partículas pequeñas que flotan “durante horas” después de que una persona habla, estornuda o tose. Aunque no existe consenso, la evidencia se basa en estudios realizados en condiciones de laboratorio.

Benedetta Allegranzi, la directora técnica para infecciones, prevención y control de la OMS, declaró que esa consideración de los expertos sobre los escenarios aglomerados cerrados y poco ventilados, que han sido descritos, “no puede ser descartada”.

A nivel global otros estudios indican que el virus puede sobrevivir hasta 72 horas en superficies de plástico y acero inoxidable, menos de 4 horas sobre el cobre y menos de 24 horas en el cartón, pero no existe certeza de cuánto tiempo puede permanecer activo en el aire.

Federico Cabrera, epidemiólogo ecuatoriano, coincide en que cuando una persona que está enferma conversa y no tiene puesta una mascarilla, al hablar está expeliendo gotitas con partículas virales que permanecen en el aire “un cierto tiempo”.

Y añade que, si el espacio no tiene ventilación, “estas partículas estarán por mucho más tiempo”. De ahí la importancia de que, además de la ventilación natural en las oficinas, viviendas y buses, una persona deba usar la mascarilla para evitar el contagio.

El experto cuestiona la apertura de cines y teatros en el país, que no cuentan con sistemas de recirculación del aire. “Eso sí aumenta el riesgo de tener un contacto más cercano y más exposición entre las personas, más aún si no están protegidas con mascarillas”, dijo.

Ocurre también con los buses con aire condicionado que circulan en la región Costa, lo cual, dice, sería perfecto si contaran con sistemas de entrada y salida de aire.

El físico Raúl Puebla, de la UCE, señaló que si las gotas con virus son pesadas, van a caer cerca de la persona que la expulsa; en cambio, las más pequeñas viajarán más lejos. Pero “cuando uno airea el ambiente, las gotitas, pequeñas e incluso las grandes, son dispersadas al exterior y su concentración baja dentro de la habitación, y una vez afuera, se van dispersando más todavía”. Y con ello disminuye la posibilidad de contagiarse.

Por eso descarta la utilización de un ventilador en un espacio cerrado. “Si usted no abre la ventana y coloca el ventilador, no está haciendo nada, porque está reciclando el mismo aire donde puede estar el virus”, acotó.

El físico Jorge Luis Rodríguez señala que también la ventilación puede ser diseñada y “si hay recirculación del aire con una filtración correcta, disminuye la concentración del virus”.

Respecto a la ventilación de los ambientes empleados para la atención en salud, el infectólogo Byron Núñez cuestiona que en Ecuador “no pasan de un 5% las terapias intensivas que tienen el manejo del aire que deberían tener para este tipo de enfermos”. (I)