Rol de la triple hélice ante los desafíos de la industria 4.0

- 21 de julio de 2019 - 00:00
Foto: referencial

La digitalización, la globalización y el envejecimiento demográfico están transformando el mercado laboral en el mundo.

Existen varios informes que indican que un elevado porcentaje de los empleos desaparecerán o se transformarán y los jóvenes y adultos sin estudios superiores se verán más afectados por estos cambios. El trasfondo es que el acceso al empleo está sufriendo cambios y se esperan cambios aún mayores. Y esto en el Ecuador, no será diferente.

La revolución 4.0 se parece muy poco a las experimentadas anteriormente por la humanidad. Será mucho más compleja, rápida y profunda en las transformaciones que se esperan. Lo más impactante en todo esto es que no solo está cambiando el qué y cómo hacer las cosas; sino también quiénes somos.

La Espol decidió revisar sus ejes sustantivos: docencia, investigación y vinculación, con el fin de ofrecer a la sociedad un camino para enfrentar esta cuarta revolución. Formamos profesionales de las áreas en ciencia y tecnología con una orientación humanista y profesionales de las humanidades con una orientación tecnológica con un enfoque en la multidisciplinaridad y la conexión con la sociedad.

A este reto se suma uno más: apuntar a la formación de cada vez más mujeres.

Las mujeres debemos capacitarnos más, tenemos que tener el doble de méritos para estar a la par de los hombres. Encima, nos toca luchar contra el sentimiento de culpa, contra el síndrome de la impostora. No es fácil, pero es necesario porque las mujeres solo podremos cambiar la sociedad y volverla más democrática y más justa si estamos en el lugar donde se toman las decisiones.

Con vergüenza admito que, hace algún tiempo, cuando me preguntaban si yo era feminista, decía que no. Yo había hecho lo que tenía que hacer, porque tenía que hacerlo; pero jamás me había planteado la necesidad de ser feminista. 

Hace relativamente poco me di cuenta de que el feminismo es el simple hecho de que hombres y mujeres tengamos acceso a los mismos derechos.  Hoy puedo decir sin miedo, yo sí soy feminista. Con mucho orgullo.

Y esa es la razón que explica lo que hago. Mi dedicación a la cátedra, a la investigación y a la academia es poder dejarles a mis hijos un mundo más justo.

Un mundo en el que mi hijo, si así lo desea, se quede en casa, como su padre hoy lo hace y no sea ni burlado ni santificado por hacerlo. Un mundo donde mi hija pueda ser la CEO de su propia empresa, o de otra, y pueda hacerlo sin críticas y sin barreras. (O)  

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