La banda musical San Jacinto tiene sabor andino

- 16 de agosto de 2018 - 00:00
Aunque se dedican a aprender cada día más, los jóvenes destacan que los ensayos son de mucho rigor porque siempre buscan que cada una de sus presentaciones sean de primer orden y así ganar el reconocimiento del público.
Fotos: Elizabeth Maggi / EL TELÉGRAFO

Los pasacalles y san juanitos son los preferidos de esta agrupación integrada por jóvenes. Ellos deleitan a los espectadores con las sinfonías propias de los Andes.

Fiestas, matrimonios, bautizos e incluso funerales son algunos de los eventos en los que han participado 12 jóvenes que conforman la banda de pueblo San Jacinto de Chingazo Alto, de la parroquia Santa Fe de Galán, del cantón Guano, provincia de Chimborazo.

Los artistas, que van desde los 13 hasta los 20 años de edad, han permanecido en diferentes escenarios por más de 3 años, tiempo durante el cual nació este proyecto y se consolidó hasta el grado de ser requeridos entre sus vecinos, amigos y ciudadanía en general.

Sus ensayos los realizan a 3.750 msnm, lugar en el que viven. A veces utilizan canchas de fútbol y en otras ocasiones los patios delanteros de sus casas o cualquier sitio que les permita concentrarse.

Hombres y mujeres ponen mucho empeño en cada una de las prácticas. Uno de los objetivos es cautivar a los más jóvenes con la música nacional.

Las bajas temperaturas que se presentan en la zona (7 a 8 grados centígrados) suelen convertirse en su peor enemigo debido a que se les hace difícil sostener los instrumentos, pero los paisajes impresionantes que observan en el lugar son un aliciente para ellos.

“Tenemos al frente al volcán Tungurahua; cuando está despejado se lo puede ver en todo su esplendor y es bonito tocar al aire libre. Disfrutamos mucho estos momentos”, señaló Daniela Quispillo, miembro de la banda.

La joven, que utiliza las tardes para sus repasos personales, dice sentirse feliz por haber ingresado en este proyecto: “nos mantiene entretenidos y al mismo tiempo aprendemos. Sin duda fue una buena elección”.

Esta iniciativa se forjó con el objetivo de evitar que los jóvenes se inmiscuyeran en drogas o vicios que perjudiquen su vida, lo que les ha permitido mantener la música nacional viva y que otros jóvenes la interpreten en fiestas. “Observamos que los chicos tenían tendencia a consumir alcohol y a pasar el tiempo en situaciones que pudieran perjudicarles, así que pensamos que la mejor manera de alejarlos de esto era la música; les gusta y pasan entretenidos ensayando”, manifestó Marco Hidalgo, profesor a cargo de la banda.

El docente resaltó que buscan mantener las tradiciones de su tierra tanto al tocar música propia de la zona como nacional.

“Muchos adolescentes ya están con la música actual, que no es malo, pero primero es lo nuestro; tenemos canciones ecuatorianas hermosas que debemos conocer y eso es lo que buscamos con la banda”, acotó Hidalgo.

Para iniciar el grupo musical los jóvenes adquirieron sus propios instrumentos, entre los que figuran trompetas, clarinetes, trombones y saxofón.

Son de segunda mano debido al alto costo que representa comprarlos nuevos; aun así han pagado entre $ 300 y $ 900, pero lo hacen con gusto al saber que más jóvenes se deleitan con música ecuatoriana.

Adquirirlos fue un verdadero reto debido a que sus familias se dedican a la agricultura y sus ganancias no son altas, de modo que con ahorro y trabajando duro pudieron hacerlo.

“Es importante conocer otras culturas, pero primero debemos empezar por la nuestra. Canciones como “Riobambeñita” o “Chulla Quiteño” son las más solicitadas y las tocamos con sentimiento porque son poemas”, indicó Ariel Paguay.

Este joven, que dedica media hora cada día a repasar el toque de la trompeta, señala que este “pasatiempo” le ayuda a apreciar a su gente y sus tradiciones. (I) 

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