Prendas tejidas con lana de alpaca cautivan turistas

- 07 de diciembre de 2018 - 00:00
Las mujeres indígenas se han convertido en comerciantes. Los productos que ellas elaboran a mano son muy demandados por los turistas que visitan el país, porque los consideran de muy buena calidad.
Fotos: Silvia Osorio / EL TELÉGRAFO

Los turistas extranjeros son los que más compran este tipo de indumentaria. Artesanas como Blanca Quidigalle se ubican con su negocio en la vía al Parque Nacional Cotopaxi.

Hace cuatro años que Blanca Quidigalle y Martha Vega ofertan ropa tejida en lana de alpaca en el centro de artesanías ubicado justo a la entrada del Parque Nacional Cotopaxi (PNC) a 3.400 de altura.

Las mujeres oriundas de la comunidad de Tigua (Pujilí – Cotopaxi) trabajan hace 20 años en la elaboración de ropa con lana de alpaca; al principio ofertaban sus productos en unas chozas improvisadas vía al ingreso del PNC.

Ahora lo hacen en unas cabañas de madera que albergan siete locales, donde los turistas nacionales e internacionales pueden adquirir ponchos, chalinas, sombreros, guantes, bufandas, mascadas, buzos, elaborados por las comerciantes.

Desde las 07:00 hasta las 16:00 de domingo a domingo, incluso los feriados, Martha abre su local; para llegar a tiempo debe madrugar. esde su natal Pujilí es un promedio de hora de viaje.

Abrigos y bufandas son las ropas que más buscan los viajeros para protegerse del frío de la Sierra.

“No importa madrugar, especialmente los feriados que se vende mejor”, aseguró la mujer, de 44 años, que concreta mayores ventas con los extranjeros de origen europeo, quienes compran la gran variedad de gorras que oferta.

Los precios de sus productos fluctúan entre los $ 3 hasta los $ 25, aprendió a manejar la lana de sus ancestros y planea continuar con esta actividad hasta “que sus fuerzas se lo permitan”.

Blanca Quidigalle, también oferta artesanías como llaveros con las más variadas formas, pequeñas imágenes de tagua, monederos de cuero con nombres de las provincias del Ecuador, pero lo que más llama la atención son las famosas pinturas de Tigua.

En esta expresión artística tallada en cuero de borrego, los pintores plasman los paisajes andinos en los que crecieron, rodeados de la más absoluta calma; envueltos por un gélido viento que entumece sus dedos, pero no su corazón.

Mucha habilidad se necesita para tejer a mano todo lo que se elabora. La población femenina aprende este antiguo oficio desde la niñez.

“Son realmente hermosos, es como si uno se transportara por un instante a los páramos, como si viajara en un sueño y se perdiera en el horizonte”, comentó Cristian Luna, turista quiteño.

El visitante saludó la amabilidad de los vendedores, la mayoría oriundos de Pujilí y Otavalo (Imbabura).

“Siempre nos dan charlas de cómo atender a los visitantes; con una sonrisa, invitarlos a que se prueben las prendas y a no enojarnos si no nos compran, pues eso es parte del oficio”, manifestó Quindigalle.

Martha Lentini, una viajera argentina, aseguró que las ropas que venden las comerciantes son de mucha calidad, no solo porque son elaboradas a mano, sino también porque se las confecciona con buenos materiales.

“Sin duda son productos de exportación”. (I)   

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