La pandemia frenó el cumplimiento de la meta 90-90-90 anti VIH

El uso de nanotecnología se avizora como una opción de tratamiento; los actuales están provocando efectos colaterales como cánceres en pacientes con este virus.
01 de diciembre de 2020 12:23

“Tengo 36 años y fui diagnosticada a los 24. Me enteré cuando me iba a graduar de ingeniería. Me tocó hacer pasantías y me hicieron las pruebas (del VIH) y salí positiva. En ese momento pensé hasta en morir. Tenía novio en ese entonces y él salió negativo. Tenía muchas preguntas. ¿Cómo lo obtuve si era una niña de buena familia y mi ex era un chico sano? En ese tiempo, solo lo sabía mi mamá y mi novio. Me hicieron muchos exámenes en clínicas privadas. Contaba con un buen seguro médico. Recuerdo que la enfermera me miraba raro y eso me hacía sentir muy mal. Me decía que por qué a mí si tenía todo en la vida.

Me vieron varios médicos, me tuvieron años sin tratamientos porque tenía una carga viral baja. Pasó el tiempo. Lo dejé con mi novio. Después me enteré de que mi primer novio se había enfermado y estaba grave. Lo contacté y le dije que fue él quien me lo transmitió y me dijo que sí. Desde entonces tuve novios que me dejaban porque querían casarse, tener hijos y se quejaban por usar condón.

Mi madre falleció, me fui a otro país, me olvidé del VIH. Hace un año regresé a mi país natal y juré en la tumba de mi madre que iba a luchar. Me vi en privado con una doctora y empecé el tratamiento. No lo van a creer, pero nunca he tenido síntomas del VIH. Me veo sana. Nadie pensaría que tengo eso.

Decidí cuidarme porque quiero ser feliz, lo merezco. No pedí esta vida. A veces me siento mal del estómago y desde que mi mamá falleció tengo ataques de pánico, pero ahí voy con mi tratamiento. Y sola, sin novio. El último me dejó. Pero sé que llegará alguien.

Tengo 37 años, pero me veo de 28. Quisiera tener amigos y saber cómo hacen para los malestares del tratamiento. Tengan fe. Duré años sin tratamiento, Dios me dio otra oportunidad. Mi médico dice que puedo ser de ese pequeño porcentaje de personas que no desarrolla la enfermedad.

¡Luchemos! ¡No dejemos que el VIH nos quite los sueños!”, este es el testimonio de Jesi, uno de los tantos que recoge un portal de historias que trabaja con personas con VIH.

Cada 1 de diciembre se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra el VIH, una enfermedad que apareció por primera vez en 1959, en un hombre africano.

Mortalidad

Según ONUSIDA, 39 millones de personas han fallecido en el mundo a causa de sida. Esta organización se fijó la meta 90-90-90 (90% de personas diagnosticadas, 90% de personas en tratamiento y 90% con carga viral indetectable), con el objetivo de controlar y erradicar el virus hasta este 2020.

Sin embargo, actualmente hay 38 millones de personas que viven con este virus, de las cuales, el 81% sabe que es seropositivo, el resto no. Dos de cada tres personas que viven con VIH reciben terapia antirretroviral y solo el 59% tiene niveles indetectables de VIH.

Pese a las campañas de información, aún hay personas que no diferencian lo que es el VIH y el sida. El VIH es el causante del sida, esta es una sigla que significa síndrome de inmunodeficiencia adquirida. VIH y sida no son lo mismo, y no siempre quienes portan el virus tienen sida.

Datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que entre el 2000 el y el 2019, las nuevas infecciones por el VIH disminuyeron en el 39%, las muertes relacionadas con el VIH en el 51%, y se salvaron 15,3 millones de vidas gracias al tratamiento antirretrovírico (TAR).

Debido a las deficiencias en los servicios relacionados con el VIH, en 2019 murieron 690.000 personas por causas relacionadas con el VIH y 1,7 millones de personas se infectaron.

A finales de 2019, se estima que el 81% de las personas con el VIH conocían su estado serológico. El 67% del total estaba en tratamiento antirretrovírico y el 59% había logrado suprimir el virus y, por tanto, el riesgo de infectar a otros. Además, el número de personas con acceso al TAR era de 25,4 millones.

Casos en Ecuador

En Ecuador, los primeros casos fueron detectados en 1984. Según el Ministerio de Salud Pública (MSP) con el apoyo de ONUSIDA, hasta el 2019 la cifra de personas que vivían con VIH fue de 47.206, de estas, el grupo cuyas edades fluctúan entre los 15 y los 49 años es el más afectado, con más casos de hombres que mujeres.

En el 2019, se notificaron 4.320 nuevos casos de VIH en el país.

Ecuador trabaja en función del Plan Estratégico Nacional Multisectorial para la Respuesta al VIH 2018-2022, cuyos objetivos son dar atención integral, respuesta inmediata, sobre todo identificar casos positivos en la población.

Aunque la realidad de las personas que viven con VIH (PVV) ha mejorado desde el inicio de la epidemia, sobre todo en términos de acceso a servicios de salud y disminución de la discriminación, el Ecuador todavía tiene grandes desafíos para abordar integralmente como el estigma y discriminación.

Además, con respecto al 90-90-90, en el país, el porcentaje de personas que viven con VIH (PVV) que conocen su estado, pasó de 56% en el 2016, a 79% en 2019.

Las que conocen su estado y están en tratamiento, pasó de 78% en 2016, al 73% en 2019; aquí hubo una disminución, que se atribuye a la mejora en la calidad del dato (depuración de la información realizada en el 2018-2019).

El porcentaje de PVV en tratamiento que tienen carga viral suprimida, pasó de 48% en 2016, a 82% en el 2019.

Aparición de otras enfermedades

Byron Núñez, médico infectólogo y catedrático de la Escuela de Medicina de la Universidad Central del Ecuador, recuerda que hasta 1996, en España, las personas infectadas se morían porque el tratamiento no era suficiente para controlar la enfermedad.

“Ahora ya no vienen en estado de sida sino solamente seropositivos. El sida se refiere a aquel paciente que viene con infecciones oportunistas o con las defensas muy bajas de CD4 menor de 200”, explica.

En Europa -dice- ya no se halla mucho paciente con sida, son más seropositivos. Mientras que en América Latina, en Ecuador, “seguimos teniendo pacientes con sida, porque nuestros programas de búsqueda de enfermos con VIH todavía tienen dificultades”.

Núñez resalta que el 95% del dinero invertido en investigación (a escala global) para tratamiento de VIH ha llevada a que cada día existan “fármacos fantásticos, seguros, que no tienen efectos adversos”.

Sin embargo, destaca que como la enfermedad ya es crónica, ya no se presenta el paciente con sida, pero sí con enfermedades oportunistas. “Empezamos a tener tumores, cánceres asociados al tratamiento prolongado (de VIH). Esto es una particularidad y un problema que no lo esperábamos”.

Refiere que cuando a una persona se le diagnosticaba VIH, antes de 1996, tenía dos años de vida, ahora “tiene una esperanza de vida similar a cualquier ciudadano. Hoy es más fácil tratar un VIH que un diabético”.

El infectólogo menciona que actualmente dar tratamiento para el VIH/sida es muy cómodo, pero cada vez aparecen más problemas secundarios, los efectos adversos a la medicación.
“Estamos entrando en un mundo que significa controlar una enfermedad, pero el virus no desaparece, y parece que está estimulando oncogenes, es decir genes que pueden dar cáncer.

Tenemos ahora pacientes con cáncer, con problemas cardiacos, arterosclerosis, infartados, con daños en el riñón, que no son producto de la enfermedad en sí mismo, sino de los tratamientos”, destaca.

Asimismo, dice que en relación a la terapia que se utiliza en Ecuador, se están ejecutando acciones para contener (la epidemia), pero no son las óptimas, siempre hay problemas, como la adquisición de medicamentos, de desarrollo tecnológico para el diagnóstico, tenemos una buena implementación, pero “hoy por hoy en Ecuador no tenemos un sistema de diagnóstico de resistencia viral, y eso es una gran debilidad en el país”.

Núñez estima que la estadística “debe sincerarse, creo que en el Ecuador debería haber un 0,5% de personas que viven con VIH/sida en la población general, estoy hablando de unos 17 millones (de habitantes), entonces serían unas 85 mil personas con el virus, y en el país creo que no se ha detectado más de 40 mil; estamos detectando solo un 40% o 50%”.

“El Estado, la ley, los colegios, escuelas, los trabajos deben buscar a las personas, deben hacerse los exámenes, porque mientras sea diagnosticado oportunamente, sin enfermedades oportunistas, sin tener sida, la expectativa de control y sobrevida es muy buena”, resalta.

El profesional es muy optimista en las investigaciones que se hacen para tratar a los pacientes de VIH con nanotecnología. “Los nuevos tratamientos son nanopartículas que se le inyecta (al paciente) cada mes, cada medio año y con eso se controla todo, hemos desarrollado muchas cosas para controlar no para curar”.

Afirma que la aplicación de nanotecnología comprende son procesos de investigación serios que se han presentado en congresos mundiales, y que muy pronto, quizás en un año, habrá personas que se coloquen una ampolla en la piel, como un anticonceptivo, que controle la carga viral en pacientes con VIH.

La pandemia y VIH

Para Francisco Plaza, de la Fundación Médica contra el Ruido, Ambientes Contaminantes Adicciones y Tabaquismo (Funcorat), por la pandemia, el programa de lucha contra el VIH “sufrió un frenazo aquí en el Ecuador y probablemente en otras partes del mundo”.

En ese sentido, dice que las situaciones negativas en cuanto a economía, política, falta de seguridad jurídica, burocracia ocasionó que Ecuador no cumpla el compromiso que estableció la OMS y el Fondo de las Naciones Unidas, en cuanto a la meta 90-90-90, que son medidas anti VIH.

“Podríamos indicar que en el 2018, más o menos hubo unos 4.000 nuevos casos de VIH en Ecuador, pero del número que se da anualmente, del universo de enfermos que tenemos, el 70% corresponde a hombres y solo el 30% corresponde a mujeres”, explica Plaza.

Cita que las principales dificultades por las que atraviesa el programa es básicamente la administración de los retrovirales, porque no llegan muchas veces a tiempo.

“Se han dado casos de pacientes que han tenido que hacer hasta manifestaciones públicas (…) Cuando escasean los retrovirales indudablemente el enfermo se queda en el aire, con el peligro de que la enfermedad vuelva a retomar fuerza y a desmejorar la calidad de vida del paciente y hasta a ponérsela en peligro”, destaca.

La población de riesgo -menciona Plaza- son básicamente los varones y los que tienen sexo con su mismo género, los transgéneros, que para variar eventualmente tienen una relación con personas del mismo sexo, porque generalmente es anal y se contaminan. “Incluso el Ecuador ha desarrollado un programa de seguimiento para este tipo de pacientes con esas inclinaciones y ellos a su vez van y contaminan a sus parejas”.

La mayor parte de los casos son las mujeres, que son contaminadas directamente por las parejas que” tienen estas prácticas sexuales aberrantes”.

En cuanto a la meta 90-90-90, Plaza refiere que se ha cumplido en el 73%, 50% y 43% respectivamente. “Ecuador ha quedado moroso y muchos países del mundo también básicamente por la pandemia”.

Sin embargo, rescata que al momento el programa ha vuelto a retomar ciertas metas una vez que “la pandemia bajó” y “esperamos que esta situación emergente que vivimos por el covid-19 vaya cediendo terreno”.

Añade que las cifras más altas que llegó a registrar Ecuador en cuanto a VIH se registraron en 2014, que era de 10 pacientes (infectados) por cada 100 mil habitantes.

“Ahora eso ha bajado a 5 por cada 100 mil habitantes; ha disminuido porque la gente ha hecho conciencia en el uso del condón, toma sus precauciones y los retrovirales en sí significan una buena lucha contra el VIH, porque han sido muy efectivos. Lo que tratan ahora los infectólogos es de cronificar la enfermedad, es decir hacerla crónica, que el paciente pueda convivir con ella largo tiempo y se muera por otra causa”. (I)