El niño debe, en lo posible, seguir con su vida normal

- 14 de julio de 2019 - 00:00
En la fundación Casa McDonald los niños tienen juguetes para distraerse de sus tratamientos médicos.
Foto:Juan Carlos Holguín /ET

Según cifras de Solca Guayaquil, en 2018 el hospital guayaquileño atendió 110.666 consultas y por emergencias a 14.489 pacientes. 

En este mismo lapso, el 3% de casos de cáncer en mujeres y el 6% en hombres, se dieron en personas de 0 a 14 años. 
Además, en el mismo año hubo 4.228 casos nuevos de cáncer. De este total, el 4% (169) fue en menores de 15 años.

El doctor Luis Espín Custodio, jefe de Pediatría de Solca, en diálogo con EL TELÉGRAFO explicó que el cáncer más frecuente en Ecuador y a nivel mundial es la leucemia aguda. El segundo lugar se alterna entre los tumores cerebrales y los linfomas.

“Por qué se da el cáncer, no se sabe. Se conoce que tiene un fondo genético, además hay factores ambientales infecciosos que pueden provocarlo”, indicó.

En el caso de los niños, la quimioterapia es el tratamiento de primera elección para la leucemia. 

Según el galeno, a nivel mundial la curación de esta enfermedad está entre el 80% y 85%. A nivel de Latinoamérica se encuentra entre el 60% y 65%.

Un tratamiento de leucemia puede durar de año y medio a tres años. “Cuando los niños no responden a la quimioterapia, son refractarios o resistentes al tratamiento, ya entra en segunda elección o en segunda línea del tratamiento el trasplante de médula”.

Para los menores, el tratamiento del cáncer es con quimioterapia, radioterapia y cirugía. “Hay patologías en las que solo se da quimioterapia; hay otras en que se hace cirugía, otras con cirugía y quimioterapia. Es una combinación de los tres”. 

Todo niño que tiene cáncer es inmunodeprimido. Significa que tiene defensas bajas y hay que cuidarlo. “No es para tenerlo en una burbuja, pero en casa debe tener todo limpio, que coma en el hogar, las verduras deben estar bien lavadas; ese es el cuidado”. Además, si recibe quimioterapia y va donde haya aglomeración, por ejemplo, en un mitin o un partido de fútbol, debe usar mascarilla. 

Sin embargo, afirmó Espín, es importante que el niño siga con su vida normal en la medida de lo posible.

“Sicológicamente para él es diferente ir a la escuela que estar encerrado en su casa. En la escuela se disipa, juega. A un adulto enfermo usted puede decirle que repose. Con un niño no se puede... Lo mejor es que el niño, con ese vigor que tiene, vaya a la escuela, siempre y cuando el médico lo autorice. De pronto él le dice que esta semana no puede ir porque tiene las plaquetas bajas, las defensas bajas. Pero de ahí puede hacer una vida normal”.

El jefe de Pediatría de Solca también destacó la importancia de lo anímico. Eso ayuda a los escolares. Con los adolescentes es más difícil pues son más reacios, pues son conscientes de lo que 
les ocurre. 

De ahí que en los albergues les hacen ocasionalmente fiestas, les llevan payasos o hay padrinos que los llevan al cine. Todo eso los ayuda a mejorar. (I) 

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