Una Navidad ecológica es posible

El ser humano se ha convertido en el principal depredador de la naturaleza.
20 de diciembre de 2020 00:00

No es tiempo de recordar las estadísticas que ocasionan el cambio climático y otros males, que acosan a la humanidad, por el denominado calentamiento global, la sobreexplotación de los bosques, la reducción del agua dulce, y en general la contaminación del globo terrestre. Pero sí es necesario -¡urgente!- organizarnos en cada familia para crear los ambientes adecuados, mantener las tradiciones de Navidad y Año Nuevo y respetar la naturaleza, en esta nueva normalidad derivada de la pandemia del coronavirus.

Defensa de la vida

En primer lugar vale la pena advertir que el uso indiscriminado de musgos, líquenes, cipreses, eucaliptos, palo santo y otras especies vegetales, de la Sierra, Costa y Amazonía, constituye un atentado al ambiente. Los árboles forman parte del ciclo del agua, y su corte o destrucción menoscaban uno de los sistemas claves para mantener la vida. Los musgos y líquenes –tan apreciados en estas épocas del año- ayudan a mantener la humedad y protegen los microsistemas porque son alimentos de pájaros e insectos, que permiten la polinización.

La naturaleza se mantiene gracias a un equilibrio o armonía frágil, que se ha sustentado por la evolución natural durante millones de años. Esta fragilidad se ha hecho ostensible cuando al observar el crecimiento desordenado de la población, la polución proveniente de las industrias, el hacinamiento en las ciudades, la mala utilización de las excretas y la contaminación del agua, de la tierra y del aire.

La situación de los árboles no es una cuestión de los ingenieros forestales ni de los cuidadores de los parques. Todo ciudadano y ciudadana, sin excepción, es corresponsable de lo que sucede en el entorno inmediato, en su vecindad, y en los lugares próximos a su lugar de residencia o trabajo. La consciencia ecológica es clave para lograr la sustentabilidad de la naturaleza y los diferentes subsistemas.

El espectáculo

Lo curioso es que, con ocasión de las fiestas decembrinas, cristianos y ateos, agnósticos y paganos, todos, sin excepción, hemos caído en la lógica de la modernidad que ha logrado, sin pensarlo, atraparnos. Pocos hablan, por ejemplo, del bien ser, es decir, del ser humano, de la persona, sino del bienestar, del bien tener. Porque ahora es posible comprar la felicidad, en cómodas cuotas, mientras los egos se elevan como los intereses, las preocupaciones y las deudas.

La Navidad en la sociedad moderna es un espectáculo, un show más de los muchos que se prenden en el año para “iluminar” las ciudades más que los corazones; es decir, una parodia que sincroniza la oferta y la demanda bajo representaciones simbólicas, y las buenas intenciones expresadas en tarjetas digitales que se bajan de la nube y otras herramientas virtuales.

Es necesario -¡urgente!- organizarnos en cada familia para crear los ambientes adecuados, mantener las tradiciones de Navidad y Año Nuevo y respetar la naturaleza, en esta nueva normalidad derivada de la pandemia del coronavirus.

Para ello contribuyeron algunas marcas registradas. Me refiero a San Nicolás, convertido en Papá Noel, un hombre gordo vestido de rojo –un cuasi bombero-, quien con su sonrisita inconfundible (jo, jo, jo…) hizo reír a los dueños de una gaseosa y por extensión a la humanidad, al traer obsequios en un carro largo halado por ciervos… Luego aparecieron los árboles, la escarcha, los juguetes y el círculo se cerró con una simbiosis extraña: la colocación del árbol y Papá Noel –nada menos- juntos al Niño Jesús, el salvador del mundo.

El mensaje central

No se trata entonces de tapar la realidad, sino de buscar sentido –el verdadero sentido- para una fiesta que, supuestamente, debe unir a las familias. En otras palabras construir un sano equilibrio entre la felicidad y la vida, entre la austeridad y la participación, entre los sentimientos y afectos más que en las razones y compromisos. Y ese equilibro no es otro que la paz.

El mensaje central de la Navidad gira, precisamente, sobre “la paz a los hombres y mujeres de buena voluntad”. Todos sabemos que la paz es mucho más que una tarjeta o regalo, mucho más que un discurso porque su talante es más profundo. La paz está unida inseparablemente a la justicia y la equidad, a la posibilidad de desterrar los egoísmos fatuos, y aquellas actitudes negativas sembradas por el orgullo, la fatuidad, la falta de perdón y la infidelidad. La paz es equidad.

Recordemos que miles de familias viven separadas, donde las mujeres luchan solas por sobrevivir, y el mundo de los niños y jóvenes es cada vez difícil. ¿Qué dice la Navidad a estas familias?

Reivindicación

Navidad significa novedad, buena noticia. Y esta noticia es la más importante de la humanidad, porque relata el nacimiento de un ser que cambió al mundo con su obra y su mensaje. No es pues, un nacimiento cualquiera. ¡Es el nacimiento de Cristo!

Navidad significa novedad, buena noticia. Y esta noticia es la más importante de la humanidad, porque relata el nacimiento de un ser que cambió al mundo con su obra y su mensaje. No es pues, un nacimiento cualquiera. ¡Es el nacimiento de Cristo!

Se trata, entonces, de buscar algo diferente al finalizar el año. Muchos diciembres se han cumplido y el saldo ha sido casi igual: gastos, festejos, comidas y millones de toneladas de basura… Hoy es la oportunidad para reivindicarnos con los demás, con la naturaleza –haciendo una Navidad verde- y sobre todo con nosotros mismos.

Recomendaciones

Una Navidad verde es posible preparar, si se toman en cuenta algunas recomendaciones:

 No adquirir cipreses vivos o árboles para “decorar” la llegada de Papá Noel. Por cada árbol que se corta se disminuye la capacidad de respirar y se aumenta la contaminación, a través de la basura y humo que ocasiona después de las “celebraciones”.

En su reemplazo adquirir árboles de otro material, o mejor confeccionar –con creatividad- árboles de papel, con pinturas y recortes de prensa, alambres, botellas y otros materiales.

El uso exagerado del plástico, asimismo, no es muy aconsejable pues se ha comprobado que no es biodegradable en pocos años. De manera que, a largo plazo, puede ser más grave el remedio que la enfermedad.

Tener cuidado con el uso del musgo y líquenes naturales. En su reemplazo se pueden utilizar trozos de papel picado, viruta y cartón.

 También se consiguen en alguna visita al bosque diversos tipos de semillas o pepas, de eucalipto, cocos y pencas, por ejemplo, con el objeto de recrear la naturaleza y los escenarios de la natividad.

Asimismo, se podría preparar una Navidad verde con objetos propios de la ocasión, que podrían ser comprados en los mercados populares. Me refiero a los nacimientos de barro, muy coloridos y nuestros. Y de paso se apoya a la artesanía nacional.

Los obsequios podrían tener un talante ecuatoriano. Existen excelentes juguetes elaborados con madera, lata, tagua y coco. Por ejemplo: perinolas, trompos, ollas, cocinas, carros de madera, muñecas de trapo, libretas y agendas de papel reciclado y más.

Todo lo anterior se completaría con las comidas propias de la ocasión: el pavo, los buñuelos, los pristiños, entre otros.

Navidad significa novedad, buena noticia. Y esta noticia es la más importante de la humanidad, porque relata el nacimiento de un ser que cambió al mundo con su obra y su mensaje. No es pues, un nacimiento cualquiera. ¡Es el nacimiento de Cristo! (O)

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