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Mono de Chongón, huella de un pueblo que lo evoca y olvida

- 18 de septiembre de 2018 - 00:00

El monumento es un ícono de identidad de la parroquia guayaquileña. Representa la historia de una cultura ancestral que basaba sus creencias en ídolos de piedra.

Es el segundo jueves de septiembre y la mañana transcurre tranquila en Chongón, parroquia urbana de Guayaquil, ubicada en la vía a la Costa, a 24 km de la urbe.

En el parque de la localidad, Isabel Tamayo toma un poco de aire; el venezolano Sinael Rengifo lleva a jugar a sus dos pequeños sobrinos y otras tres personas dialogan acerca de algún tema familiar. En el centro, sobre un pedestal de cemento, una figura de piedra con forma de mono pasa inadvertida.

Tamayo reside hace 20 años en Chongón, pero desconoce la historia del reducido monumento que pertenecería a la cultura Manteño-Huancavilca (período de Integración, año 500 a 1534 d.C.).

En dos meses que lleva Rengifo en el lugar, tampoco ha escuchado algo al respecto a sus vecinos, ni a su hermano y cuñada, quienes llegaron hace más de un año.

Marjorie N. vive hace 40 años en el sitio. Conoce el relato pero confiesa que nunca lo ha contado a sus hijos porque le parece intrascendente.

El Mono de Chongón es un ícono ancestral al que los aborígenes adoraban porque creían que les daba suerte, predecía el clima y cumplía sus deseos al besarle la cola.

Una historia y una práctica que se diluye entre visitantes y lugareños, comenta Domingo Valdiviezo, quien nació hace 79 años en Daule, pero es un chongoneño de alma y corazón que llegó a esa tierra en 1965 y se quedó cuando conoció a la mujer que se convirtió en su esposa. Él ha sido el difusor de esa leyenda.

Cuenta que cuando los sacerdotes dominicos arribaron a Chongón edificaron la iglesia y nombraron patrono a San Jerónimo, representado en una figura de madera. Los nativos iban a misa y a la salida adoraban al mono. Por eso fray Baltazar de la Cava lo hizo esconder en el monte, pero la imagen del santo también desapareció.

Luego de una intensa búsqueda, las dos figuras fueron halladas juntas, lo que se interpretó como el nacimiento de una “amistad” entre ambos personajes y zanjó la paz en el pueblo. El mono fue ubicado en la plaza del pueblo, que hoy es el parque, y San Jerónimo volvió al templo.

Valdiviezo lamenta que los lugareños desconozcan o no transmitan esa historia de identidad de Chongón a las nuevas generaciones. “La gente debe saber su origen porque es parte de su cultura”. Él fue testigo de los visitantes que llegaban de diferentes sectores del país. “Venían carros de todas partes con gente que traía una escalerita para subir a besarle la cola al mono. Ahora son pocos”.

Entre recuerdos y olvidos, los alumnos de la escuela local recrean esa historia en la fiesta del santo, a finales de septiembre. En 2017 también se realizó el Primer Festival Cultural del Mono. (I) 

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