Latinoamérica tiene el mayor índice de femicidios

- 25 de noviembre de 2018 - 00:00
Centenares de personas marcharon el sábado 24 de noviembre por las calles de la capital de Ecuador, Quito, para reivindicar el fin de la violencia machista.
Foto: Álvaro Pérez / EL TELÉGRAFO

Un estudio realizado por la OPS señala que a escala regional Ecuador es la nación con mayor tolerancia social hacia la violencia contra las mujeres.

¿Los ecuatorianos normalizan la violencia hacia las mujeres? Los datos que maneja Bibiana Aido, representante de ONU Mujeres en Ecuador, dan una respuesta: en las zonas urbanas del país, el 30% de las mujeres considera que si hay alguna razón es normal que un hombre agreda a su pareja.

En la zona rural el porcentaje aumenta. El 51% de ellas le da algún tipo de justificación a la violencia. A escala regional el país es la nación con mayor tolerancia social hacia la violencia contra las mujeres. Así lo revela un estudio de comportamiento social publicado por la Organización Panamericana de la Salud en 2016.

Dos años después, las cifras se mantienen y requieren urgente reflexión, indica Aido. Lo hace en el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Según la ONU, en el mundo el 35% de las mujeres sufre algún tipo de violencia física y sexual por parte de su pareja. A esto se suma que los responsables del 38% de sus muertes son sus compañeros sentimentales. Esta es la principal causa de defunción en mujeres de entre 15 y 44 años.

Las estimaciones del organismo internacional con respecto a la prevalencia de la violencia de pareja en los países de ingresos elevados es del 23,2%.  En los países de la región del Pacífico Occidental es de  24,6%, mientras que en la región del Mediterráneo es el 37%.

A través de un comunicado, María Fernanda Espinosa, presidenta de la Asamblea General de las Naciones Unidas, expresó que “el mundo aún está lejos de alcanzar el objetivo de poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas”.

La certeza de la funcionaria no es ajena a la realidad nacional, indica Nelly Valbuena, experta en derechos humanos y docente de la Universidad Politécnica Salesiana. Para ella la “naturalización” de la violencia responde a que todas las sociedades de América Latina son el resultado de un proceso patriarcal arraigado por el machismo.

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En el mundo y fuera de un contexto de guerra la región es el lugar más violento para las mujeres, señala un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

El estudio constata que 24 de los 33 países de América Latina y el Caribe cuentan con leyes en contra de la violencia. Sin embargo, solo nueve de ellos tienen leyes que tipifican una variada gama de expresiones violentas, entre ellas la sexual.

Este año el colectivo nacional Vivas nos Queremos conmemorará la fecha bajo el lema “Basta de violencia sexual”. Jeaneth Cervantes, una de las voceras del movimiento, comenta que este tipo de agresiones se evidencian dentro de los espacios familiares y educativos. Sitios que, a su parecer, deberían ser las zonas más seguras para las niñas y las mujeres, pero la realidad es otra.

Betty Tola, vocera de la plataforma Mujeres Caminando hacia la Igualdad, informa que en el país una de cada cuatro mujeres son víctimas de violencia sexual; 13.900 de ellas fueron abusadas sexualmente en los últimos tres años. La jurista Carolina Ochoa agrega que esta cifra es una estimación, pues en el país, como en muchos otros, las mujeres no denuncian este tipo de maltrato.

Según la ONU, cerca de 15 millones de mujeres adolescentes (de entre 15 y 19 años) de todo el mundo han sido obligadas a mantener relaciones sexuales forzadas (coito u otras prácticas sexuales forzadas) en algún momento de sus vidas.

De ellas, 9 millones fueron víctimas de estas prácticas durante el año pasado. En la inmensa mayoría de los países, el principal riesgo para las adolescentes es verse obligadas a mantener relaciones sexuales por su pareja o expareja, ya sean novios, compañeros sentimentales o esposos.

Datos recogidos por la organización internacional señalan que en 30 países que cuentan con estadísticas sobre agresiones sexuales, solamente el 1% de las mujeres busca ayuda profesional.

En Ecuador, según datos del Instituto de Estadística y Censo (Inec) seis  de cada 10 mujeres han vivido algún tipo de agresión. El tipo de violencia que más prevalece es la psicológica (53.9%). Le sigue la física, que representa el 38.0%, y la sexual (25.7%).

A pesar de que la estadística muestra que la violencia psicológica es la más frecuente esta es la que menos se denuncia, sostiene Aido, pues detrás de una agresión física y sexual existe una ola de maltratos verbales y psicológicos que incluyen prohibiciones, imposiciones y formas de desvalorizar a una mujer.

Ana García es psicóloga y parte del movimiento Ni una Menos. Para ella no solo las ecuatorianas “consciente o inconscientemente” normalizan la violencia hacia ellas.

El fenómeno se presenta en toda la región. Cita el estudio Rompiendo moldes, elaborado por organización Oxfam y publicado en julio de 2018. Uno de los resultados del informe que más llamó la atención de la psicóloga tiene que ver con la percepción sobre el consentimiento para mantener relaciones.

Campañas como #NoesNo, enfocadas en concienciar el hecho de que tener relaciones sexuales sin consentimiento de la otra persona es un delito, han sido trending topic en redes sociales.

Sin embargo, esta tendencia no se refleja en las jóvenes encuestadas por Oxfam: un 45% de las adolescentes (entre 15 y 19 años) están de acuerdo en que cuando una mujer dice “no” a una relación sexual, en realidad quiere decir “sí”.

La mitad de las adolescentes consultadas cree que es común que si un hombre está borracho, golpee u obligue a una mujer a mantener relaciones sexuales con él.

Desde la psicología, García explica que los hombres argumentan y justifican este sistema de privilegios a partir de la denominada “masculinidad hegemónica”, pero las mujeres construyen y aceptan estos imaginarios desde la femineidad subordinada.

Además, seis de cada 10 féminas están de acuerdo con que una mujer decente no debe vestirse provocativamente ni andar sola por la calle durante la noche.

Otra de las realidades que reveló el estudio es que seis de cada 10 adolescentes hombres y cuatro de cada 10 mujeres creen que los celos son expresión del amor.

Este tipo de percepciones son el inicio de una ola de violencia en la que el último escalón es la muerte.

América Latina es la región donde se presentan más asesinatos de mujeres por su género: 14 de los 25 países del mundo con las tasas más elevadas de femicidio están en esta parte del mundo.

En Ecuador según el mapa de femicidios de las asociaciones Red Nacional de Casas de Acogida, la Fundación ALDEA, Taller Comunicación Mujer y la Comisión Ecuménica de Derechos Humanos, cada 84 horas una mujer es asesinada y en el 83% de los casos murieron a manos de sus parejas, exparejas o convivientes y el 22% de los autores de estos asesinatos se suicidaron.

Cifras de la Fiscalía señalan que en lo que va de 2018 se han registrado 64 femicidios. Además, el ECU-911 registró 30.000 llamadas de auxilio por temas de violencia psicológica y sexual.

La plataforma Vivas nos Queremos también maneja cifras. Cervantes indica que desde 2014 hasta este año 576 mujeres han sido asesinadas. De ellas el 62% tenían entre 15 y 36 años.

Y aunque ya son 16 los países de la región, incluido Ecuador, que tienen leyes que tipifican y penan el femicidio, los casos no disminuyen y la legislatura no logra garantizar la seguridad, indica Granda.

Ella cita el caso de Eli, una mujer de 32 años que fue fuertemente golpeada por su pareja y como sanción tuvo 60 días de sanción.
La abogada Ana Vera, de Vivas nos Queremos, considera que el problema está en la mala calificación del delito por parte de la Fiscalía, pues no hay un enfoque de género en quienes califican e investigan las causas y por ello estos problemas son identificados como violencia intrafamiliar.

A esto se suma que las Unidades Judiciales de la Mujer y la Familia no son suficientes ni especializadas. En el país operan 30 unidades. La meta del Consejo de la Judicatura es contar con una en cada cantón.

Aido, Tola, García y Cervantes consideran que si no se cambian los patrones sociales la violencia permanecerá. Rossana Viteri, directora de Plan Internacional, agrega que las niñas ecuatorianas se crían en una naturalización de la violencia. Esto provoca que cuando llegan a su adultez no tienen capacidad de reacción.

Para la funcionaria, el reto, más allá de contar con un marco legal conducente y políticas públicas adecuadas, es que la sociedad cambie sus comportamientos. El estudio de Patrones de Violencia contra las niñas realizado en Ecuador señala que el 82% de las madres afirma que sus hijas difícilmente no serán violentadas. (I)