El aroma de La Magdalena tiene varios sabores

23 de mayo de 2019 00:00

La gente que camina por las calles del barrio La Magdalena, ubicado en el sur de Quito, suele sentirse cautivada por sus sabores. 

Con el atractivo de sus corvinas, el caldo de ville o  Los Motes de La Magdalena, sus habitantes y visitantes encuentran la excusa idónea para departir un momento. 

Esa es solo una de las muchas razones para que el sector capitalino sea protagonista   esta semana en El Famoso Barrio de..., programa de los Medios Públicos.

Para Lucila Correa, el sabor del ville es único y atrapa tanto, que sus clientes que han crecido degustando sus platos siempre regresan, aunque hayan emigrado.

Pero, ¿qué es el ville? “Es el ternero (en feto) que está dentro del vientre de la vaca, que no nació”, cuenta Lucila, quien conoció el negocio desde su niñez, cuando acompañaba a su madre para la venta de ese producto en esa misma zona.

Con el tiempo se convirtió en un local, con el que Lucila es ahora una vendedora de comidas que ha podido   mantener a sus cinco hijos, con el negocio ubicado en su propia casa.  

Lucila, que nació en 1952 (66 años), asegura que tiene  45  años en su actividad gastronómica.

“Era adolescente cuando me inicié y me gusta estar en contacto con los clientes”, contó sonriente.

El caldo de ville atiende de lunes a sábado, desde las 06:00 hasta las 13:00. 

“Tiene que ser desde temprano; es el mejor momento. Incluso tengo clientes que me hacen reservaciones desde sitios como Tumbaco”.

Pero, ¿qué tiene el ville?  Lucila admitió que, además del caldo con la carne, lleva mote y aguacate, y es sazonado con especias que le dan el sabor típico que motiva a los clientes a regresar.

Su local, ubicado en las calles Puruhá y Zaruma, se ha convertido en el punto de encuentro de familiares, amigos y vecinos del sector. 

Es tan popular que la mujer es conocida como “Chocolates” o simplemente la “señito del ville”.

Los motes
Otro sitio que también es una tradición para varias generaciones son Los motes de la Magdalena.

El negocio inició en 1949, con el trabajo de Luz María Ortega quien, a través de su esfuerzo, posicionó su presencia y dada su calidad se convirtió en franquicia.

Ximena Muglisa, hija de Luz María, vivió siempre en el barrio, en la casa que su madre empezó a vender mote y fue testigo de la evolución del producto.

Para Ximena, su madre Luz es un ejemplo de lucha constante, no solo por iniciar el negocio, sino también por su perseverancia.  

Con la mano y mente de Ximena, con estudios de  publicidad y marketing, el negocio comenzó a moverse de forma diferente.

“Ella vendía solo mote, luego vinieron los demás platos y el nombre era picantería Lucita”, recordó.

Todo hasta llegar al año 2000, cuando luego de un detallado trabajo de mercadeo fundaron el primer local oficial, en las calles Quisquís y Quitus, hasta llegar a las sucursales que son populares en el país.

“Nunca paren de soñar, siempre se puede llegar lejos”, señaló Ximena. 

Las famosas corvinas de doña Mary también son parte de la ruta gastronómica. El local está ubicado en el mercado y atiende más de 40 años.  

Una característica de La Magdalena es que sus residentes celebran la fiesta religiosa en honor a la patrona que le dio el nombre.

La festividad es en julio y se organizan actividades en la iglesia central del sector.

La Magdalena atrae a sus visitantes por sus tradiciones. (I)

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