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La lucha contra el acoso sexual marcha sobre ruedas en Ecuador

- 13 de marzo de 2018 - 00:00
La gráfica muestra cómo ocurre el acoso en el interior de los transportes. Las afectadas, en esos casos, pueden enviar un mensaje de texto gratuito al número 6367 y unirse a ‘Bájale al acoso’.
Foto: José Morán / EL TELÉGRAFO

El 81% de las mujeres que usaba el transporte urbano de Quito consideraba, en 2014, que fue una víctima. El 91% de los problemas ocurrió en los espacios públicos de Quito.

La lucha contra el acoso sexual marcha sobre ruedas en Ecuador, donde la campaña ‘Bájale al acoso’ se ha embarcado en más de 2.200 autobuses y ha arrojado un millar de denuncias que han derivado, hasta el momento, en 11 condenas.

La estrategia comenzó en marzo de 2017 en 120 vehículos del sistema de transporte público, pero ahora se ha involucrado al 80% del privado, por lo que el programa de alerta está operativo en casi todas las rutas del distrito metropolitano de Quito.

El procedimiento es lo más simple posible para un momento tan sensible para quien es acosado: se envía por móvil la palabra ‘ACOSO’ y el número del autobús en un mensaje de texto gratuito al número 6367.

El mensaje llega a una central que se comunica inmediatamente con el conductor del vehículo y se activa en los altavoces: “Este momento, se ha registrado una situación de acoso sexual dentro de esta unidad de transporte. Solicitamos a los pasajeros mantenerse alerta y respetar a quien se encuentra a su lado”.

Menos de un minuto después, la víctima recibe una llamada de psicólogos desde una central que tiene georreferenciado el autobús, y le ofrecen acompañamiento vía telefónica mientras la Policía Metropolitana y los equipos de la empresa de transporte se activan para intervenir en la siguiente parada.

Las autoridades escuchan a la víctima para conocer sus próximos pasos: seguir la ruta, desembarcar de la unidad y en el próximo punto ser acompañada para hacer la denuncia en ese momento o, si lo desea, hacerlo más tarde.

Los casos
La psicóloga Michele Vilatuña, quien trabaja en el programa, comenta que entre los casos más graves que ha tratado figuran “usuarios que se masturban o eyaculan en víctimas”, algunas de ellas menores de edad, adolescentes o jóvenes hasta los 27 años.

Según la experta, a diario se reportan entre 10 y 15 casos, de los cuales entre dos y cuatro “están relacionados directamente con situaciones de acoso y abuso sexual en el transporte público”.

Desde su puesta en marcha, el sistema ha recibido 1.234 denuncias, de las cuales 31 han sido canalizadas a través de Fiscalía y se han logrado 11 sentencias con condenas que van desde los 12 a los 38 meses de prisión.

María Fernanda Pacheco, presidenta del Patronato San José, gestor de la estrategia, explica que los dos últimos casos fueron “bastante preocupantes” pues las víctimas fueron dos niñas menores de 12 años.

Y subrayó que el proceso de denuncia garantiza, con una política de confidencialidad “sumamente estricta”, que “no haya una revictimización de las afectadas”.

Las víctimas entran, además, en un proceso de reparación en el que una brigada del Patronato las acompaña tanto en la denuncia como en el apoyo posterior.

Esto porque han comprobado que desarrollan “traumas marcados” y muchas han expresado temor a salir solas, en horas de la noche, e incluso, una de ellas, se planteó no terminar sus estudios nocturnos “por miedo” a ser acosada, relata Pacheco.

“Hemos logrado que la gran mayoría se reinserten, pero siempre queda un poco la preocupación. Inclusive cuando pedimos que hablen de su caso, evidentemente respetando su identidad, no quieren volver a mencionar el tema”, señala sobre el que acaba siendo un “largo” proceso de reparación.

El programa ‘Bájale al acoso’ surgió tras alarmantes cifras en 2014 que reflejaban que el 81% de las mujeres que usaba el transporte público de Quito consideraba haber sido objeto de acoso, y  el 91% en espacios públicos de la capital.

Pacheco subraya que, aparte de las víctimas, también recurren al sistema de emergencia personas que han sido testigos de acoso.

“Lo que hemos logrado con esta estrategia es no solo el proceso de enjuiciamiento, que es importante. Lo que más nos importaba era modificar patrones de comportamiento”.

Y lograr con ello una “sanción social” para que las situaciones de acoso se dejen de ver “como normales” y que “la gente alrededor tome acción”.

Un ejemplo es el de la venezolana Daimary Padilla, a quien un desconocido le tocó la nalga y otros pasajeros encararon al acosador y lo bajaron del autobús.

El transporte público del distrito metropolitano de Quito tiene más de un millón de pasajeros por día y, a decir de Pacheco, han logrado que más del 77% conozca la existencia de la herramienta.

El objetivo es completar su instalación en todos los buses para avanzar en la lucha contra el acoso y en busca de una sociedad segura. (I) 

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