La capital ya tiene cuy a domicilio

20 de marzo de 2011 00:00

En una  vivienda pequeña pero  acogedora, ubicada en el barrio la Planada, al nororiente de la capital, todos los fines de semana se origina  un delicioso aroma que despierta  el apetito de muchos vecinos. Se trata de los cuyes asados que con tanta dedicación preparan doña Laura Solano y su esposo Juan Elías Solano. Ella es la creadora del “Cuy Express”, una productiva idea que tiene mucha acogida por quienes gustan del tradicional plato andino.

Laura, durante varios años se ha dedicado a la crianza de los cuyes, para la posterior comercialización del típico “cuy asado”.

Sus ganas de salir adelante la condujeron a montar su propia microempresa, que con la ayuda de  la Administración Zonal La Delicia y de la  Agencia Municipal de Desarrollo Económico CONQUITO se ha convertido en un  próspero negocio.

Dos años tiene de funcionamiento “Cuy Express”. Se trata de una iniciativa  que experimenta transformaciones constantes, con miras a mejorar el buen servicio que sus clientes exigen, afirma  Laura.

La mujer   inició con un pequeño huerto orgánico en su casa, y luego participó en un curso  para emprendedores convocado por la agencia de la  Zona La Delicia del Distrito Metropolitano de Quito,  donde se especializó en la  crianza de cuyes.

Al inicio, su objetivo solo  fue  obtener una buena producción del animal, pero con las charlas recibidas el proyecto de la entrega a domicilio del cuy asado fue apropiándose de su mente.

La concepción del negocio  nació  hace cinco años y esa idea que daba vueltas en su cabeza -como un cuy inquieto- fue, al fin, tomando la forma de un producto gastronómico. El asunto fue sencillo porque ya era una gran conocedora del trato  que debe tener el animal, de  que la base fundamental para tener un cuy que contenga un gran potencial vitamínico es, desde luego, su alimentación.

El animal debe ser alimentado con alfalfa, hojas de choclo y hierbitas frescas, y si es posible con  balanceado a base  de soya y maíz,  explica  Laura, mientras acaricia a uno de sus cuyes preferidos.

Con todo el conocimiento adquirido sobre cómo cuidar al mamífero, recordó que  su madre  le enseñó a preparar cuy y pensó en sacarle provecho al espacio donde es una maestra: la  cocina. Pese a que  no es que le guste mucho la actividad, sabe que en sus manos guarda una sazón poderosa.

“Solo me  hacía falta un empujón”, señala, y agrega que tenía un pequeño puesto de venta de cuyes  en la esquina de La Delicia. “De cinco que llevaba, solo vendía tres”, enfatiza, recordando compungida lo duro que fue el inicio; pero enseguida la mujer de manos curtidas por el trabajo reseña que poco a poco fue viendo crecer su negocio. Al principio, dice, cocinaba unos pocos cuyes que  vendía a los vecinos del barrio.

“Empecé a cocinar porque luego del curso nos dieron unos cuantos animales para criar. Se reprodujeron tanto que debía hacer algo con ellos”,  sonríe, y en su rostro se refleja una sencillez alegre.

Ha  participado en tres festivales gastronómicos del cuy.  Sus clientes viven en los barrios de San Juan, Solanda, La Rumiñahui y en el Valle de los Chillos.

Si bien antes  su trabajo se centraba en satisfacer los antojos de sus vecinos, ahora la diversificación de su clientela le exige trabajar contra reloj para entregar los pedidos a tiempo.

Los mejores cuyes

Laura explica que para la venta se requieren  los mejores cuyes.

La idea de brindar a sus clientes un producto de calidad la ha llevado a viajar por toda la Sierra, para verificar que los cuyes que va a adquirir sean alimentados y criados bajo un estricto control de sanidad que garantice una buena cría y un buen sabor de su carne.

Su rutina es muy complicada, expresa, “ahora tengo que hacer las cosas rápido, el tiempo pasa volando”. Siempre está apurada y se las ingenia para no dejar de lado ningún detalle.

Su teléfono no deja de sonar y casi siempre son, por supuesto, sus clientes. Contesta con  una mano, sin que la otra deje los quehaceres que van desde  pelar  papas, tostar el maíz y el maní,  lavar  lechugas y tomates o preparar el ají y la salsa de maní.  Antes de todo aquello hay, sobre todo, mucha cebolla que picar; ese es el ingrediente básico del plato.

La preparación

Laura  relata paso a paso cómo elabora el famoso plato típico. En primer lugar, se mata al animal de una forma que aprendió en uno de sus cursos: presionándole el cuello, dándole un ligero golpe inferior para que se duerma y, entonces, poder cortarle la yugular.  Luego  lo lava y lo aliña solo con comino, para que no pierda su sabor original.

Como toda una experta en la cocina, ella no revela el secreto de su sabor, lo único que dice es que es “el amor con que hace las cosas”. Laura condimenta los cuyes con sal, comino y cebolla, asegura que son las cantidades y el orden  de cada uno de los elementos lo determinante.

“El ingrediente especial me lo reservo,   les puedo decir  cómo se hace, pero no todo lo que pongo, por eso a quienes comen mi cuy les gusta, por su preparación”. Sus gestos denotan satisfacción en cada paso de la preparación.

Un día, es el tiempo idóneo que debe permanecer el cuy envuelto en sal, cebolla y un poco de comino. Una vez que está aliñado, lo coloca en la máquina que mandó a construir para asarlo al carbón. “Se lo asa  sin colocarle nada de grasas y en  una hora está listo para su degustación”.

El encargado de poner los animales al carbón es su marido, Juan Solano, quien está pendiente de que los cuyes queden listos para luego empacarlos y dejarlos en la casa de sus clientes.
Juan  tiene  en su cocina una estructura de metal de cerca de 1,80 m de largo por 90 cm de ancho. Está compuesta por un pequeño motor que mueve lentamente las tres barras que tienen capacidad para asar  9 cuyes.

El instrumento facilita la forma de asar el animal y permite ganar tiempo para alistar los otros ingredientes que acompañan el  plato.

Precios

El costo por cuy asado depende del peso del animal, pero  oscila entre 20 y 23 dólares. Cuando tiene crías pequeñas también los vende por 18 dólares. A estos precios  le suma uno o dos dólares por movilización.

Lo más lejos  que ha dejado un pedido en la ciudad es en el sector de Tumbaco, pese a que también entrega a familias que desean enviar este tradicional platillo a sus parientes en Europa y Estados Unidos, quienes extrañan comer las delicias de la gastronomía ecuatoriana.
Juan, con su mirada fija en los ejemplares que se asan lento  al carbón, explica que lo importante es que todo se prepara ese mismo día.

Una vez listo el cuy,  se lo saca en una bandeja y se  empaca en la caja.

“Cuando tenemos varios pedidos que atender la jornada inicia a las 03:00 y a las 11:00 está listo todo para empezar con el recorrido de las entregas”.

Cada semana, entre viernes y sábado,  entrega de 20 a 30 cuyes. Recalca que los pedidos se deben hacer  con un día de anticipación, ya que de eso depende que  se ofrezca un producto fresco.

El negocio está en pleno proceso de crecimiento, reparten el producto en un vehículo contratado por horas, pues aún no adquieren uno propio que les permita movilizarse sin problema.  “Con el tiempo veremos si podemos adquirir uno, hasta mientras nos acomodamos con lo que tenemos”, agrega Laura.

Juan menciona que a las ferias que ha asistido con este delicioso plato, al momento de que los comensales lo degustan, concuerdan que  la parte más rica  es la pierna, no solo por el condimento, sino porque tiene más carne.

“Invitamos a todas las personas que llegan a la casa  a probar de nuestra sazón y así enganchamos más clientes”, explica Laura; “los  precios son módicos, esperamos que todas las personas disfruten de este plato tradicional de la ciudad”.

El cuy se sirve acompañado de papas cocinadas, tostado, aguacate, ensalada de lechuga y tomate y además la tradicional salsa de maní.

Marcia Flores, cliente frecuente de “Cuy Express”, coincide con otros en que lo mejor de este cuy es la frescura de su carne y cómo lo prepara doña Laura.

“Hay tantas cosas por hacer”, comenta la propietaria, mientras alista todo para empacar el producto. Su anhelo es construir el tercer piso de su casa y hacer ahí su local.

“Lo más difícil de todo esto ha sido batallar con las nuevas costumbres alimenticias”, precisa, “pues contados son los jóvenes  que gustan de este alimento”.

Ahora cuenta con un banco de clientes fijos y otros que realizan sus pedidos por temporadas, pero su reto  está en cada día ganar mayores adeptos que disfruten de este ancestral alimento que solo estaba destinado para los reyes y caciques en las fiestas tradicionales andinas. Basta con levantar el teléfono, hacernos una llamada y en pocos minutos tendrá la caja al pie de su puerta.

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