El dulce sabor matiza las fiestas de Yaguachi

- 15 de agosto de 2019 - 00:00
La basílica catedral de San Jacinto recibe desde esta semana a cientos de devotos del país.
Foto: Silvia Murillo / EL TELÉGRAFO

La celebración en honor al patrono San Jacinto atrae a miles de devotos y visitantes. Las calles alrededor de la catedral son ocupadas por comerciantes.

Una festividad que es ya tradición nacional, que fusiona la devoción católica con celebraciones populares y que con el tiempo le da el sello distintivo al cantón Yaguachi. De eso se trata la fiesta en honor al patrono de la localidad San Jacinto.

Todos los años, como es costumbre, visitantes del país, especialmente devotos del santo, acuden a la basílica para rendirle homenaje, sobre todo los días 14, 15 y 16 de agosto. Las romerías y misas le dan el significado religioso.

Pero la festividad no solo es religiosa; en los alrededores del templo y en el parque central todo se engalana: las casas se convierten en negocios de comidas y las calles acogen a vendedores de artesanías, de imágenes religiosas y hasta de juegos infantiles.

Algo que es invariable en estos días son las decenas de comerciantes, la mayoría oriundos de provincias de la Sierra centro, que ocupan las aceras para instalar sus puestos para la venta de los tradicionales dulces y confiterías que son el sello de identidad de las fiestas.

La variedad y el colorido de los manjares atraen la mirada de curiosos y de quienes gustan de estas golosinas: dulces de higo, cocadas, membrillos de guayaba, frutilla o de mora, roscas azucaradas, suspiros, jaleas, albaricoques, bizcochos y manjares son el deleite de quienes llegan al cantón con precios entre $ 1 y $ 2,50 según el producto.

“Con un mes de anticipación tramitamos en el Municipio el permiso para instalar el puesto, este año nos costó $ 400 para todos los días de la fiesta”, comenta el comerciante Antonio Ruiz, oriundo de Riobamba.

Para él, llegar a Yaguachi con sus productos es una costumbre. Destaca la afluencia de personas que no vienen únicamente por el patrono, sino también para llevarse un recuerdo del lugar.

Leonor Vega (del cantón Baños) instaló con su esposo, Cornelio López, su puesto a una cuadra de la iglesia; sostiene que desde los 7 años (cuando ayudaba a su padre) se dedica al comercio de la dulcería. Actualmente tiene 85 años.

Muestra orgullosa un paquete de panes que ella elabora a base de harina de trigo, manteca, mantequilla y yema de huevo; los hace en horno de leña y eso le da el toque especial al producto.

Ana María Caiza, de 70 años, no tiene un puesto; ella es ambulante y hace 12 años vende en Yaguachi maíz, trigo y arroz dulce. Antes se dedicaba al comercio de legumbres en Puyo, pero vio que la venta de sus productos tuvo acogida.

La fiesta mayor es el 16, pero el cantón celebrará hasta el domingo 18. Luego, muchos de estos comerciantes irán a Milagro. (I)  

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