El huayru revive gracias a un emprendimiento

- 22 de marzo de 2019 - 00:00
El diseño del nuevo juego tiene como base las tradiciones ancestrales relcionadas con el aspecto funerario.
Foto: cortesía El Tiempo

El cuencano Cristian Mogrovejo creó un juego usando este elemento ancestral, vinculado con rituales de tipo funerario, para acercarlo a las nuevas generaciones.

La tradición ancestral guarda objetos vinculados con los rituales funerarios. El diseñador industrial cuencano Cristian Mogrovejo creó un juego con uno de ellos, el huayru, innovando su uso. 

Antes de elaborar el juego, él se acercó a la historia de este objeto, intrigado por la investigación del antropólogo Santiago Ordóñez Carpio, en la que se profundizaba acerca del huayru.   

Similar a lo que hoy conocemos como dado, el objeto hecho con hueso, principalmente de la canilla de un humano; un tablero de madera y semillas, se usaba como parte del ritual funerario tras el entierro de la persona.

Mogrovejo explica que visitó el cantón Sígsig en donde conoció, de primera mano, los relatos sobre la aparición del “juego” y el elemento clave, que es similar a un dado. Aún se conserva la tradición, aunque evidenció que está en proceso de extinción.

Al huayru también se lo conoce como “tishno”, y actualmente se lo entendería como un “juego”, dice Mogrovejo.

El “dado” tiene marcas de uno a cinco y una cara vacía -también conocida como “lluchu” o “llampu”-.

Tras lanzarlo, los jugadores mueven las semillas, generalmente de maíz, sobre el tablero de madera en el que se han tallado orificios, para que el jugador siga una secuencia.

Con el principio del huayru, el diseñador creó un artefacto lúdico que en lugar del tablero ahora es una pieza de madera similar a una estrella o una araña. En cada pata o extensión existen 10 orificios por los que circulan fichas elaboradas con semillas de huayruro.

A diferencia del “dado” de hueso, se utiliza un dado de madera, con similares características que el original.

El artefacto fue creado por Mogrovejo hace una década en Estados Unidos, durante sus estudios de maestría.

Sin embargo, hace poco se presentó en la ciudad y actualmente se exhibe en el Museo de los Metales hasta abril como parte de la exposición Espejo Humeante, del artista Eduardo Villacís.

El diseñador espera conseguir auspicios para un encuentro académico con universitarios y producir el juego para su distribución.

Ritual
En su investigación, el antropólogo Santiago Ordóñez Carpio entiende el huayru como un juego ritual que pertenece a la concepción de lo sagrado en el mundo andino.

En ella, agrega, se introduce en aspectos como la legalización y transacción de posesiones materiales, relaciones espaciales vinculadas a la organización social andina, estética, cultos con función agrícola, recreación de movimientos astronómicos, cultos a los antepasados y las relaciones entre el mundo terreno y el de los muertos.

El huayru genera una “solución” al conflicto, un punto intermedio en el que las tensiones sociales se resuelven.

Según la tradición funeraria de comunidades de Sígsig, el ritual se asocia con el velorio, los 5 días que siguen a la muerte de un individuo y a las ceremonias purificatorias. Por ello el ritual o “juego” se lo practica los 5 días posteriores al entierro del difunto.

Familiares y amigos se reúnen en la casa del fallecido y crean dos bandos, entendidos como dualidad (según la tradición andina, aunque enemigos en la concepción actual) en torno a una estera y una cobija, y, sobre estos elementos, el tablero de madera.

Cada integrante del grupo lanza el “dado” y según el número que señale se mueven las semillas sobre los orificios del tablero. (I) 

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