25 millones de metros cúbicos de líquido se almacenan en la laguna de la Mica

El páramo es la ‘matriz’ del agua que bebe Quito

- 22 de marzo de 2014 - 00:00
Las almohadillas del páramo almacenan agua, la regulan y la distribuyen a través de canales subterráneos hasta las vertientes de los ríos. Así se inicia el recorrido del líquido. Foto: Andrés Darquea | El Telégrafo

25 millones de metros cúbicos de líquido se almacenan en la laguna de la Mica

El frío se siente en el aire. La necesidad de abrigo es inminente mientras se asciende al páramo de la Reserva Ecológica Antisana. Ya bien arriba la vegetación cambia, se torna menos verde y más baja. El volcán Antisana aparece y desaparece, siempre rodeado de neblina, que de rato en rato le permite mostrar su majestuosidad.

El viento sopla, circula con fuerza entre las montañas. Junto con el correr del agua -por las pequeñas vertientes- es lo único que se escucha en las alturas. Esos pequeños arroyos son encauzados y se convierten en ríos, que luego son potabilizados para dar de beber a gran parte de Quito.

Desde ese páramo llegan 7 de cada 10 vasos que se consumen en Quito. En este caso, el agua hace un recorrido de 70 kilómetros para llegar a la capital.

El viaje del líquido vital empieza en el páramo y se transporta por los ríos. La conservación del líquido está a cargo de un grupo de gente a quienes pocos conocen: los guardabosques de los páramos, quienes cumplen la tarea para resguardar los recursos hídricos.

El sistema La Mica puede recolectar hasta 25 millones de metros cúbicos en su interior.

En el cantón Archidona (Napo), donde se asienta el Antisana, existen cerca de 120.000 hectáreas de almohadillas. Esta es una esponja natural que almacena agua hasta 70 veces su peso y cuando está llena expulsa el líquido por debajo de la tierra hasta las vertientes. Así las almohadillas son la ‘matriz’, el “útero” del que “nace” el agua que beben los quiteños.

Este tipo de planta se “hincha” durante los meses de lluvia en el páramo, de febrero a mayo y luego de octubre a noviembre. Su función es de vital importancia dentro de este ecosistema.

Los guardianes del agua

Todo ese proceso es resguardado por los guardabosques. Ocho personas cuidan 7.300 hectáreas en las cercanías del Antisana. La única huella que dejan en el lugar es la de sus botas en el lodo. Sus tareas empiezan a las 05:30 y cada día de la semana se distribuyen 5 rutas para cubrir toda el área. Primero sacan el ganado de haciendas cercanas, que se acercan al área protegida donde tienen césped disponible para pastar, pero que a la larga afecta a la vegetación.

En algunas zonas existió sobrepastoreo, por lo que la vegetación se recupera de a poco.

El agua que sale del sistema La Mica llega hasta el sector de El Troje, a la planta de tratamiento.
Carlos Sánchez tiene 28 años y 6 meses como guardabosque. Él se crió en el páramo por lo que no es ajeno a lo que allí se vive. “Crecí en el páramo desde los 13 años. El gusto es de siempre y me agrada mucho estar aquí. Se hace un buen trabajo para cuidar el agua de todos”, cuenta. De los 8 hombres, 7 salen cada día con su misión de cuidar el área. El restante se queda aseando la casa en la que viven y hace la comida para todos. Las sopas y los secos predominan en el menú diario.

Otro aspecto del que están pendientes es el turismo. Al ser un área protegida, la acogida de visitantes es limitada. “La gente viene y dice que le deje pasar. Aducen que ‘La Patria ya es de todos’. Yo les digo que eso está bien, pero para conservarla, no para destruirla”, asegura con una sonrisa Isidro Bautista, que lleva desde 2012 en el páramo, cuando se inició el proyecto.

Los recursos hídricos de los que hablan Sánchez y Bautista son dirigidos al sistema Mica Quito Sur, que alimenta de agua a gran parte del sur de la ciudad. La laguna La Mica era la mitad de lo que es hoy. Se realizó un embalse que permite el almacenamiento de 25 millones de metros cúbicos.

Edgar Toctaguano trabaja hace 13 años en La Mica y está pendiente del paso del agua.

Edgar Toctaguano trabaja 13 años en La Mica y es el encargado del paso del agua del embalse hacia la tubería que la lleva a la capital. “Cuando está el nivel bajo siempre me preocupa de cómo voy a mandar el agua a Quito. Como sea tengo que hacerlo y por eso todo el sistema debe funcionar bien”, afirma.

La tarde se acaba y los guardabosques se quedan en compañía de un par de pastores alemanes, tan acostumbrados al frío como ellos. Cerca de ahí pastan los caballos con los que salen a hacer sus guardias y el agua de las vertientes corre sin cesar.

La misión que tienen es casi desconocida, pero de ellos también depende de que lo que la naturaleza provee no se extinga ni se malgaste.

DATOS:

Los páramos son ecosistemas tropicales que se encuentran sobre los 3.000 o 4.000 metros sobre el nivel del mar.

El suelo del páramo, formado por cenizas volcánicas, recoge el agua de los deshielos del Antisana, de la neblina y de la lluvia.

Las acciones del Fondo para la Protección del Agua (Fonag) se centran en las cuencas altas  de los ríos Guayllabamba, Oyacachi, Papallacta y Antisana.

Se intenta que en la zona el turismo sea netamente investigativo, sin dejar huella, dirigido para escuelas y colegios, para que tomen en cuenta la importancia del lugar.

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